En los últimos días, la emoción de un profesor de matemáticas al recibir un gran e inesperado regalo de sus alumnos, se hizo viral y conmovió al mundo entero.

Julio Castro de 31 años, era conocido en toda la comunidad educativa por su vocación para la docencia y su profundo compromiso con el desarrollo de los niños.

Todos los días, recorría más de 11 kilómetros a bordo de una vieja motocicleta, para llegar desde su casa hasta la parada del colectivo.

Allí, el maestro oriundo de Perú, tomaba el transporte público que lo llevaba hasta su lugar de trabajo. Para hacer ese camino diario, tenía que madrugar.

Se levantaba a las 4.15 am, y regresaba a su casa pasadas las 21 horas, por quedarse después de hora para ayudar a algún chico que lo necesitara.

Muchas veces no llegaba ni a dar un beso a sus tres hijos, porque estos ya se habían ido a dormir. Sólo pasaba tiempo con su familia los fines de semana.

Viendo que entregaba la vida entera a su misión educativa, los estudiantes de la escuela secundaria judía Yula de Los Ángeles, California, decidieron en el verano iniciar una colecta para ayudarlo.

Con el objetivo de que pasara menos tiempo viajando y más tiempo con su familia, decidieron juntar el dinero necesario para comprarle un auto.

Pero el dinero recaudado en secreto fue más de lo que esperaban, hasta la propia concesionaria que les vendió el Grand Touring Mazda 3 Hatchback azul, les hizo un descuento excepcional de 5 mil dólares.

En total juntaron 30 mil, que sirvieron además para dejar pago el seguro del auto, al menos por un año. Y según informó la prensa local, también sobró para ayudar a Castro con la nafta.

El día de la entrega, con la excusa de un simple reconocimiento a los maestros de la secundaria para niños, fueron convocados Castro, su esposa e hijos.

A él, le entregaron una piñata. Cuando la rompió, vio que adentro había una llave y en ese instante, tanto estudiantes, como docentes y padres que presenciaban el momento, saltaron de alegría al informarle que pertenecían a su nuevo vehículo.

La sorpresa y la alegría evidenciadas en el rostro de Julio, fueron la mejor recompensa para los chicos que habían pasado varios meses realizando la colecta a sus espaldas.

La misma estuvo encabezada por Joshua Gerendash, de 17 años, quien aseguró: “Personalmente, encuentro más placer en ayudar a las personas que en recibir las cosas yo mismo”.

“El señor Castro ha dedicado gran parte de su tiempo a ayudarme (y a otros estudiantes), pensé que lo menos que podía hacer era retribuir”, sostuvo visiblemente emocionado por contribuir a que su maestro tenga una vida mejor.

Además, la experiencia le dejó a Joshua una gran lección: “Aprendí que si realmente quiero hacer algo, puedo hacerlo realidad”.

Por su parte, el profesor se mostró muy agradecido porque podrá pasar más tiempo con sus hijos: “Ahora los veo todas las mañanas, les doy el desayuno, los llevo a la escuela y reviso sus tareas por la noche”.

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