La Zeta es una laguna cercana a la ciudad de Esquel, que siempre constituyó un rincón natural para vecinos y turistas, ahora se convirtió en una alternativa ideal para salidas cortas, de mediodía, que pueden complementar otros paseos en la región.

A la laguna, que está a cuatro kilómetros del centro de la ciudad se accede en vehículo o a pie, en este caso a través de los bosques comunales que bordean Esquel, o por el Arenal.

"Es un lugar para disfrutar a pleno, en estado puro, muy cerca del centro de la ciudad, y que cuidamos entre todos, porque es uno de esos emprendimientos ecológicos que nos reencuentran con la naturaleza y nos impulsan a su cuidado y conservación", sostuvo Gustavo Simieli, secretario de Turismo de Esquel.

En verano, La Zeta funciona como un balneario con servicios de guardavidas y de alquiler de kayaks, y en los meses invernales y de temporada baja -que se mantiene igualmente accesible- resulta especial para caminar y tomar fotografías.

En 2013, una ordenanza la declaró toda el área Reserva Natural Urbana, con un manejo equiparable a la categoría de "paisaje protegido".

Debido a sus características naturales,también es un espacio ideal para el avistamiento de aves, y por eso se construyó un observatorio con ese fin, que se encuentra en el denominado "Rincón de las Aves", en un sector de reserva donde se combinan varios ambientes, lo que propicia la gran diversidad avícola.

Al cuerpo de agua se le suman juncales sauces y maitenes de ribera, que albergan aves como carpinteros pitíos, zorzales, rayaditos y aves rapaces, entre otras, en tanto los arbustos nativos cercanos cobijan gran variedad de pequeños pájaros.

Mientras que el mallín aledaño resulta una amplia zona de reproducción para especies como los cauquenes, cachirlas, teros y patos, mientras los bosques de pinos implantados resultan un refugio para especies generalistas que aprovechan otros recursos.

El observatorio se emplaza en el centro de este ambiente, y por su ubicación permite un mayor acercamiento a la gran diversidad de aves que habitan la Reserva.

Se trata de una estructura de madera, con pequeñas ventanas que permiten observar las aves sin perturbarlas, con capacidad de hasta cuatro personas que pueden utilizarlo en simultáneo con comodidad, ubicada a 1.500 metros de la glorieta de la cabecera de la laguna y es accesible con vehículos por el camino circundante.

Para un mayor disfrute, se habilitó una red de senderos que permiten recorrer gran parte de la Reserva y llegar a lugares como "El Mirador de las Aves", "La Plaza de los Mates", o el "Mirador de los Cerros", entre otros.

También desde la Plaza de los Cerros se puede enriquecer la experiencia con una aplicación de realidad aumentada, que permitirá tener un acercamiento real de los cerros, valles y ciudades cercanas. (Télam)