Por la Lic. Melisa Mirabet, psicóloga clínica (MN. 65.390), trabaja desde la psicoterapia cognitivo conductual, especialista en gestión emocional y alto rendimiento.

Luego de la entrega de los premios Oscar donde el actor Will Smith bofetea a un colega, se comienza, de a poco, a hablar de la salud mental de las partes involucradas. Nunca un acto violento estará justificado por la situación que lo desencadena ni mucho menos es válido actuar de forma impulsiva si estamos bajo estrés y algo o alguien nos ocasiona una emoción displacentera, como la ira.

Hay muchas cuestiones implicadas en este tipo de situaciones y seguramente es mucho más complejo su análisis, pero podemos, a partir de esta situación particular, visibilizar la importancia de aprender a gestionar nuestras emociones.

La entrega de un premio puede ser una situación de mucha activación y estrés, ya que la persona se encuentra en un estado de tensión física y emocional que se origina como reacción a un estímulo, aun cuando éste sea positivo como un reconocimiento. Si hablamos en el caso de un actor, por ejemplo, en contexto Oscar, podemos incluso asumir que ya hubo una exposición previa a situaciones desafiantes; entrevistas, fotos, expectativas puestas en él, dejando al sujeto más activado emocionalmente y más vulnerable de poder actuar de forma asertiva frente a los desafíos que se presentan.

Denominamos situaciones de estrés a aquellos eventos en los que percibimos una situación como amenazante física o mentalmente, activándose en el organismo la pérdida de homeostasis, es decir la pérdida de estabilidad o equilibrio interno de calma. Frente a situaciones de estrés, se activan diferentes respuestas psicológicas, conductuales y fisiológicas para dar respuesta a la situación y poder atravesar dicho momento.

Las situaciones de estrés activan emociones difíciles de sentir como la ansiedad, miedo, inseguridad y en ese momento, las personas deberíamos poder realizar acciones asertivas para reducir el impacto negativo que puede tener transitarlo. Esta capacidad de poder gestionar las emociones que tenemos y expresarlas con dominio se denomina regulación emocional.

Dentro de las habilidades de regulación emocional, puede ser aprender a comunicar la emoción de manera asertiva, actuar de manera opuesta a lo que la emoción me incita que haga, puede ser también aprender a tolerarla, o incluso es aprender técnicas para poder relajarse o poner un stop al impulso e acción. Si no cuento con estas habilidades, probablemente el resultado sean conductas poco planificadas, donde se actúa sin pensar las consecuencias, como pudimos ubicar en la última entrega de los premios de la Academia.

En los actos impulsivos bajo situaciones de estrés, ubicamos un bajo umbral en la fase de elaboración de la respuesta conductual frente a estímulos, que es controlada por la actividad de la corteza pre-frontal manifestándose en una desinhibición motora como puede ser caminar y bofetear a alguien. Pero tenemos que considerar que hay muchos más factores involucrados que los neurológicos y la impulsividad puede deberse a una combinación de factores como ser genéticos, ambientales, familiares y como venimos describiendo, a la falta de aprendizaje en la regulación de las emociones.

Actuar sin regular una emoción no representa un trastorno; pero sí puede serlo cuando comienza a presentarse con mayor frecuencia convirtiéndose en un patrón comportamental que no puede controlarse y existen otros signos y síntomas que lo acompañan. Los comportamientos impulsivos son inherentemente inapropiados ya que, en ellos subyacen muchas veces emociones, comportamientos, relaciones inestables y es importante abordarlos para que no conlleven a un riesgo potencial en términos intra o interpersonales.

Aunque la mayoría de las veces podemos nosotros mismos trabajar para reducir esas conductas y aprender a ser más asertivos bajo el estrés y situaciones que despiertan emociones difíciles, muchas veces pueden formar parte de una expresión más compleja de salud mental y si se tienen problemas importantes como consecuencia de no saber manejar el estrés hay que solicitar ayuda ya que existen muchas técnicas y estrategias para aprender a gestionarlo. (Télam)