"Sin visibilidad no había posibilidad de negociar con el poder político", dice Alejandro Modarelli, histórico activista LGBTIQ+, sobre la primera Marcha del Orgullo en 1992 en la que participó como integrante de Gays por los Derechos Civiles.

Modarelli aseguró que aquella primera movilización, cuando "pocos habían salido del clóset", obedeció a la constatación de que "sin visibilidad no había posibilidad de negociar con el poder político".

El escritor y periodista recordó que la movilización se repitió de manera ininterrumpida desde entonces -excepto el año pasado y pandemia mediante- aunque "con cambios en las consignas y pancartas, porque la primera marcha era lésbico gay y todavía no incluía a travestis y trans", y después se le fue agregando siglas. Este año se sumará "NB por les no binaries".

Realizada el 2 de julio de 1992, la primera marcha estuvo convocada por Gays DC, Transexuales por el Derecho a la Vida y la Identidad (Transdevi), la Sociedad de Integración Gay Lésbica Argentina (Sigla), Investigación en Sexualidad e Interacción Social (ISIS), Cuadernos de Existencia Lesbiana y la Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM).

Aquella vez no fueron más de 100 personas muchas de ellas con máscaras por temor a las represalias-, pero el evento tuvo enorme repercusión mediática y sentó precedente para una convocatoria que se reedita cada año, con más de 40 mil participantes.

"La primera marcha se planificó en la sede de GDC que era una organización nacida en 1991 en la célebre sede de Paraná 157 fundada por Carlos Jáuregui, César Cigliutti, Marcelo Ferreira, Gustavo Pecoraro y yo", contó.

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Los principales objetivos de este colectivo era "bregar por el fin de la represión policial y conseguir la inclusión de figuras jurídicas de reconocimiento de derechos civiles de las personas LGBTIQ+" a las que en ese momento todavía no se designaba así.

"El debate, en ese momento interno dentro de la organización, fue el nombre que se le iba a dar, si marcha 'del orgullo' o 'de la dignidad', porque la palabra dignidad era muy usado dentro de organismos de derechos humanos, pero se impuso la palabra orgullo porque se la quería inscribir dentro del contexto del movimiento internacional", dijo.

Modarelli recuerda que "éramos muy pocos" los que aquel 2 de julio de 1992 recorrieron a pie la decena de cuadras que separan el Congreso de la Plaza de Mayo coreando "¡respeto, respeto que caminan, los gays y lesbianas por las calles de la Argentina!", y "¡Documentos legales para transexuales!".

"Encontramos que la Avenida de Mayo estaba vacía y cercada. Y en el momento que llegamos, descubrimos la razón: había una protesta de los maestros de la carpa blanca, con periodistas cubriendo que comenzaron a filmarnos", recordó.

El activista rememoró que "la repercusión que tuvo fue enorme" porque además coincidió con que las y los referentes "empezaban a salir en TV, en programas donde no éramos convocados como objeto de burla sino para conocer nuestros reclamos", como es el caso de Carlos Jáuregui o Ilse Fuskova que fueron invitados a los programas de Mariano Grondona o Mirtha Legrand.

"Eso coincidió con la visibilidad que se buscaba y con la impronta que se vio en la marcha del orgullo y otras actividades de irrupción en el espacio público, en una época en que se dieron cuenta que sin visibilidad no había posibilidad de negociar con el poder político", dijo.

"A medida que se va avanzando en un programa en los derechos, uno se da cuenta que todavía hay mucho por hacer, porque vemos que los crímenes de odio no cesan, que no se aplica la ESI, que a nivel internacional crecen los partidos de ultraderecha que hablan de 'ideología de género'. Pero también a media que se consiguen leyes, aparece una cantidad de otras leyes posibles, como resarcimiento por haber sido históricamente perseguidas por la violencia institucional, la ley de VIH y otras", dijo.

(Télam)