"Siempre vi muy lejos a la montaña, como algo que yo no podía hacer", dijo Susana (45), quien junto a su hijo Juan Miguel (17), a pesar de haber nacido en Bariloche, subieron por primera vez al cerro San Martín con el grupo Renault 4, en el sendero que sale desde la ruta y bordea el cerro hasta llegar a la cumbre.

"Cuando era chica éramos siete hermanos y no teníamos auto y para mis viejos era imposible llevarnos a pasear. No quiero lo mismo para mi hijo", relata Susana, que todavía se recupera de la neumonía bilateral por Covid-19 que sufrió en mayo del año pasado, cuando estuvo internada más de veinte días.

Susana recordó que "en la primera subida al Campanario" le sorprendió "haber llegado arriba, pensé que me quedaba en la mitad. Esta vez me costó también, pero ya voy aprendiendo algunas cosas, como que el cansancio es psicológico y no hay que pensar en la cima, sino mirar cada paso y disfrutar de la subida".

Por su parte, David, del barrio El Frutillar, se sumó al grupo 4x4 porque ya tiene experiencia en caminatas sobre nieve.

"El que tiene botas impermeables siempre va primero, porque es el que más se moja marcando el camino", aseguró, tras vivir en Chile durante un año cuando viajó de visita antes de la pandemia y no pudo regresar a Bariloche.

"Para sobrevivir juntaba yuyos, de esos que se usan para los ramos de flores, y los vendía. Muchas veces nevaba y yo tenía que salir a juntar igual, así que aprendí bastante a andar por el monte allá", relató David.

Aclara que, de las montañas de Bariloche, no conoce demasiado, y que la última vez que subió al cerro Ventana, se perdió al bajar.

"Me sumé a las salidas para aprender a manejarme mejor, conocer los senderos así me siento más seguro", cuenta.

Belén, que cursa junto a David en el taller de mecánica de motos, también conoce algunas montañas, pero es su primera vez en el cerro San Martín.

"A mí me gusta andar sola, me vengo a caminar tranquila y me olvido de todo. Me gusta escuchar el ruido de los pájaros, el silencio", explica, que tiene ocho hermanos y comparte terreno con una de ellas, en el barrio Malvinas.

A diferencia de David, que consiguió botas impermeables, Belén subió con zapatillas de lona, calzas y una campera liviana.

"El equipamiento es una de las trabas para el acceso a las actividades de montaña. No es lo mismo mojarse o no mojarse, tener lentes de sol o calzado con una buena suela para no patinarse, especialmente en esta época cuando hay hielo o nieve en los caminos", explicó a Télam el profesor de educación física Sebastián Fuentes, uno de los impulsores del proyecto.

Si bien parte del financiamiento que la Senaf destinó al proyecto se utilizará en la compra de equipo -20 bolsas de dormir, carpas, aislantes, radios, brújulas y algunas raquetas para nieve-, también reciben donaciones para los materiales menos técnicos como gorros, camperas, ropa térmica o impermeable, mochilas, linternas, bastones, antiparras o lentes de sol.

Todos estos materiales se pueden dejar en la sede de la Fundación San José Obrero ubicada en Soldado Olavarría y José Obrero en el barrio Malvinas de Bariloche. (Télam)