Jess Browne, una escritora argentina radicada en Londres, sufrió las tres peores pérdidas en tan solo un año y decidió sobrevivir para ser ejemplo de fortaleza, así como también una luz de esperanza en aquellos corazones destrozados como el suyo.

“Se termina el peor año de mi vida. Un año en que la pesadilla más temida se hizo realidad, donde la desesperación se apoderó de mi vida, de mi casa, de mis pasos. Entendí la palabra tragedia, sentí el nunca más y aprendí de golpe lo frágil que es todo”.

Así describió en su blog Empesares un poquito de lo sentido. Había perdido a su madre el 16 de julio de 2019 por neumonía; y a su padre, luego de un cateterismo por sus temas cardíacos, el 23 de junio de 2020.

Pero en abril de 2020 perdió a su hijo, por un suicidio, y de eso nadie jamás se recupera, en todo caso se aprende a convivir. Madre de tres, que hoy son dos en cuerpo y alma, y otro sólo en espíritu; también está casada seguramente con un gran hombre desde hace dos décadas.

“Él creía en la reencarnación, en la energía”, contó Jess

Cuando “Nachito” tenía un año, ella se separó del papá -hecho que le generó culpa en un principio- y emprendió una nueva vida que la llevó de viaje por diferentes lugares y culturas. Le trasmitió esa pasión que bien supo él explotar en su corta vida.

Pero a pesar de tener “todo”, tradúzcase en facha, un buen trabajo, novia, amigos, hobbies y proyectos, la vida le pesó demasiado, y a sus 28 años tomó la decisión de partir hacia rumbos totalmente desconocidos.

“Él creía en la reencarnación, en la energía”, contó Jess en diálogo con un medio nacional, “tenía una visión más poética de la muerte que la que tenemos nosotros”, consideró.

Un día en la casa de su abuelo materno, que estaba internado, mientras su madre en el Reino Unido sentía un extraño malestar, Ignacio Vázquez Browne se quitó la vida, no sin antes dejar cuatro cartas para sus seres queridos.

Allí, a la mujer que le había dado esa vida que él estaba a punto de abandonar, le pidió perdón y que por favor no sintiera culpa por la decisión que él como adulto había tomado. “El mundo le dolía y que no se animaba a pedir ayuda”, analizó Jess por el mensaje que Nacho le dejó. Por la pandemia, no pudo viajar a despedir sus restos.

“¡Estaba deprimido y sentía que no podía pedir ayuda! Me pedía que fuera fuerte por sus hermanos aunque sabía que me iba a causar un dolor intenso”, reveló sobre su carta. Jess explicó, para quienes no hay transitado la pérdida más difícil de todas, que la muerte de un hijo “te deja muda, y el suicidio de un hijo, muda y con mil preguntas”.

“El mundo le dolía y que no se animaba a pedir ayuda”

Sin embargo, lejos de caer en una infinita depresión fruto de la desesperanza, decidió transformar ese dolor en una fuerza que la impulsara a hacer algo por aquellos que atraviesan situaciones similares: la partida de un ser muy querido, y la imposibilidad de pedir ayuda ante un malestar del ser.

Así es como abrió un espacio virtual de expresión distinto al que venía desarrollando cuando su vida estaba en equilibrio. Lo nombró el Blog de Jess en Facebook, y lo replicó como Empesares en Instagram donde hoy cuenta con decenas de miles de seguidores que le agradecen haber abierto su corazón y sus entrañas, para poner en palabras lo que pocos se atreven a sentir. “Soy madre y soy escritora para siempre”