Por Dr. Pier Paolo Balladelli, representante interino de la Organización Panamericana de la Salud-Organización Mundial de la Salud (OPS/ OMS) en la Argentina.

La seguridad vial es un aspecto clave para la salud pública, y garantizar que las calles, avenidas y rutas sean respetuosas de la vida de quienes transitan por ellas es una prioridad para la OPS/OMS. La velocidad constituye un factor de riesgo que influye en hasta un tercio de los siniestros viales mortales, siendo su causa principal en muchos países, y un agravante en todos los siniestros.

La evidencia sugiere que la velocidad a la que viaja un vehículo interviene directamente en el riesgo de un choque, así como en la gravedad de las lesiones y la probabilidad de muerte. Es sabido que las altas velocidades reducen el campo visual de quien conduce y su capacidad de reacción ante eventos inesperados también se ve afectada.

Los sistemas de protección de los ocupantes de un vehículo, como los cinturones de seguridad, los airbags o el casco, son muy eficaces a velocidades bajas y moderadas, pero no pueden protegerlos de las fuerzas cinéticas a altas velocidades de impacto.

En Argentina, el panorama requiere un abordaje inmediato. Los siniestros viales son la primera causa de muerte prematura de los niños, niñas y jóvenes en el país, y se distribuyen de manera inequitativa en la sociedad, afectando en mayor medida a los sectores menos privilegiados. Más aún, los siniestros viales generan un enorme dolor en las familias y círculos íntimos que pierden a un ser querido y también crean una gran carga para las víctimas sobrevivientes.

Ante esta situación, necesitamos actuar con urgencia porque los siniestros viales de gravedad son, en su enorme mayoría, evitables si se toman las medidas preventivas necesarias. Es por ello que desde la OPS/OMS promovemos la reducción de la velocidad como una medida altamente efectiva con el objetivo de reducir los riesgos y evitar los siniestros viales mortales y de gravedad. Inclusive pequeños cambios a la baja en las velocidades medias de circulación tienen efectos potenciales preventivos significativos. Además, al reducir las velocidades máximas por ley y establecer mecanismos efectivos para que las mismas sean cumplidas, se pueden generar ciudades con menor contaminación y que invitan a una movilidad más activa, en la que peatones y ciclistas puedan transitar sin poner en riesgo su integridad física.

Para promover cambios positivos en este importante tema, los estudios científicos realizados apuntan a que se deben utilizar estrategias integrales que incluyen el control y la sanción, el diseño de infraestructuras que invitan a los conductores a reducir las velocidades de manera voluntaria, tecnologías en los vehículos y campañas de educación y sensibilización que aporten a un mayor entendimiento por parte de la población sobre la importancia de la reducción de la velocidad a la hora de prevenir siniestros viales de gravedad. Cambiar las velocidades máximas por ley es un paso importante, pero es absolutamente necesario acompañar esos cambios con otras medidas que permitan hacerlo efectivo.

Entre 17 y el 23 de mayo se realiza la "Sexta semana mundial de las Naciones Unidas para la seguridad vial" bajo el lema "Calles para la vida". Esta semana es la ocasión de plantear compromisos para garantizar el cumplimiento de la baja velocidad en las vías urbanas, con el objetivo de lograr ciudades más seguras, saludables, ecológicas y habitables. Este año también constituye la oportunidad para realizar el lanzamiento oficial de la Década de Acción por la Seguridad vial 2021-2030 de la Organización Mundial de la Salud, enfatizando la importancia de un enfoque integral para la seguridad vial y su vínculo estrecho con una serie de Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Es indudable que hacer de nuestras ciudades espacios de convivencia pacífica y segura depende de cada uno de nosotros. Cada cual tiene su rol que cumplir. Nadie se encuentra exento de sus obligaciones cada vez que comparte el espacio público con otras personas. Además, sin dudas, hay una gran responsabilidad que recae en los tomadores de decisiones, planificadores, diseñadores, legisladores y autoridades.

Todos los actores involucrados tienen la responsabilidad de llevar adelante el cambio que necesitamos. Es por ello que invitamos a las y los funcionarios a liderar la transformación de nuestras ciudades, y a las y los ciudadanos a ser parte del cambio necesario para generar seguridad en calles de convivencia pacífica, respetuosas de las distintas formas de movilidad y de todas las etapas del ciclo de vida de las personas. (Télam)