Por el Dr. Daniel Carlés (MP 57485), y la Dra. Vanesa Abrate (MN 31454/7) Co-Coordinadores de la sección Neumonología Clínica y Medicina Crítica de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria.


Los pulmones están formados por delicados tejidos, que están en contacto directo con el medio ambiente a través del aire que inhalamos y que se dirige a la vía aérea. Cualquier elemento que se inspire (humo de cigarrillo u de otros carburantes, gérmenes, productos químicos, etc.) puede afectarlos y causar daño, tanto a la vía aérea como al parénquima pulmonar.

La llegada de las bajas temperaturas y la pandemia mundial producida por el COVID-19 pone en máxima alerta a la población de riesgo, que debe maximizar las medidas de cuidado y estar atenta ante posibles síntomas, ya que son lo más vulnerables a este tipo de afecciones.

El cuerpo posee un sistema de defensas diseñado para protegerlo, el cual funciona muy bien la mayoría del tiempo, pero frecuentemente puede ser sobrepasado o dañado con determinados factores que pueden perjudicar gravemente la salud del paciente.

La salud respiratoria posee diferentes detractores, algunos de ellos prevenibles y evitables, y otros que son propios del paciente. ¿Cuáles son y cómo podemos prevenirlos?

El humo de cigarrillo es la mayor causa de enfermedad pulmonar, fundamentalmente de EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) y de cáncer de pulmón. Puede producir inflamación y daño en la vía aérea estrechando los bronquios y dificultando la respiración y puede dañar el tejido pulmonar destruyéndolo y causando enfisema.

Dejar de fumar disminuye de forma inmediata el riesgo de infarto o accidente cerebrovascular y a los 5-7 años el riesgo de cáncer de pulmón. Ayuda a recuperar el gusto y el olfato y mejora la capacidad respiratoria, incrementando la resistencia física y mejorando la actividad sexual.

Las infecciones respiratorias más peligrosas hoy son la neumonía, gripe y COVID-19. Se transmiten a través de la inhalación de virus o bacterias presentes en la nariz o garganta, por gotitas producidas por la tos o estornudos o por medio de la sangre (en el parto).

En todos los casos se recomienda vacunarse, lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón o alcohol en gel, toser o estornudar sobre el pliegue del codo o utilizar pañuelos descartables, no llevarse las manos a la cara, ventilar bien los ambientes de la casa y del lugar de trabajo, desinfectar bien los objetos que se usan con frecuencia y no automedicarse.

Las dos patologías de mayor prevalencia son la EPOC, con una prevalencia del 14.5 % en nuestro país (EPOCAR), la mayoría individuos mayores de 50 años. Y el Asma, con una prevalencia de 10-20% en niños y 5-10% en adultos.

EPOC

Es una enfermedad prevenible y tratable, caracterizada por síntomas respiratorios persistentes como disnea (dificultad respiratoria) progresiva, tos, producción de esputo y limitación fija al flujo aéreo, causada por exposición a partículas nocivas, mayormente humo de tabaco.

El diagnóstico se realiza generalmente en mayores de 40 años tabaquistas y con síntomas respiratorios. La prevención consiste en estimular el abandono del tabaquismo y desestimar el uso de cigarrillo electrónico y/o los "vapers".

Finalmente, el asma es una enfermedad inflamatoria crónica de la vía aérea, con una obstrucción generalizada pero variable del flujo aéreo, a menudo reversible. Presenta síntomas como sibilancias, dificultad respiratoria, opresión torácica y/o tos, nocturna o durante la madrugada, siempre desencadenada por disparadores.

La prevención de esta enfermedad está dirigida a evitar su desarrollo y reducir riesgo de exacerbaciones: prevenir la sensibilización, evitar tabaquismo en embarazo, identificación de sensibilizantes ocupacionales.

(Télam)