Representantes de comunidades originarias, organizaciones sociales, colectivos trans y jefas de familia que participaron de los Parlamentos Territoriales de Cuidado que organizó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad en distintas provincias destacaron la posibilidad de "hacer escuchar sus voces" para visibilizar las "desigualdades en la distribución de tareas" y exponer "la necesidad de un reconocimiento no sólo social sino económico" a los cuidados.

El ministerio implementa estos conversatorios para construir un diagnóstico federal y avanzar en políticas públicas en torno a las actividades de cuidado que recaen mayoritariamente en las mujeres e identidades feminizadas, muchas veces sin reconocimiento como tarea extra o sin remuneración acorde.

Referentes que en los últimos cinco meses participaron de esas reuniones relataron a las corresponsalías de Télam que en varias de las charlas colectivas surgió la "frustración personal" que pueden padecen las mujeres por "el tiempo que les insume cuidar a los otros" y porque "los cuidados siguen siendo invisibles".

En Santiago del Estero, donde el 23 de abril se realizó en forma virtual el Parlamento Territorial de Cuidado, la ministra de Justicia y Derechos Humanos provincial, Matilde O´Mill,

destacó que en ese espacio se debatió, reflexionó y surgieron propuestas para buscan una "transformación de una organización social de cuidados más justa, como un elemento clave a la hora de pensar en un desarrollo sostenible, en la condición de una sociedad con más igualdad".

En tanto, la directora de Género, Claudia Cuestas, encargada de moderar las conclusiones de referentes de organizaciones feministas, LGBTI+, comunidades campesinas, gremios, artistas y legisladores, resaltó que se conversaron "ideas, experiencias" y se manifestó la necesidad de un reconocimiento no sólo social sino económico y como trabajo" de las actividades de cuidados, "para lograr una sociedad más justa e igualitaria".

La mayoría de las rondas del parlamento santiagueño celebraron la mirada federal sobre el tema de los cuidados y propusieron la redistribución de las tareas en el hogar y en las comunidades; además de capacitación para cuidadores, licencias para poder ejercer el cuidado, la remuneración del cuidado, guarderías gratuitas y la necesidad de que los proyectos que surjan tengan una perspectiva de género.

Norma Sanchis, socióloga, investigadora y feminista, destacó el "reconocimiento de los avances desde el Estado como una fortaleza que tenemos en este momento, pero sabemos que aún faltan algunas cosas porque los cuidados siguen siendo invisibles".

La profesional remarcó que en 2013 se incorporó al Indec una encuesta del uso del tiempo y que "el próximo año posiblemente se realice una nueva medición", dado que el primer estudio determinó, por ejemplo, que en Santiago del Estero el 79% de las tareas domésticas es realizado por mujeres.

Desde Río Negro, Karina Elgueta, trabajadora de la Estación Experimental Agropecuaria Valle Inferior del INTA, destacó que participó del cuarto Parlamento Territorial de Cuidados en diciembre "representando a las mujeres rurales", lo que permitió "la visibilización y la importancia de que escuchen esas voces para pensar políticas públicas de cuidado a nivel nacional".

En diálogo con Télam, contó que "en el caso del INTA Valle Inferior, somos 21 mujeres que trabajamos junto a otros 51 hombres, y al consultarles sobre la tarea de cuidar, la mayoría afirmó que son ellas las que se ocupan de cuidar a sus hijos, además de realizar las tareas del hogar, sumado a trabajar a la par de sus parejas".

"Otro tema importante que surgió en la ronda del tema cuidados es todo el tiempo que les insume cuidar a los otros llevando al propio descuido de ellas, sintiendo en muchas ocasiones frustración", explicó.

Y, remarcó que se trata de "mujeres con edades que oscilan entre los 33 hasta los 50 años, que se han dedicado y se dedican al cuidado de su familia, muchas han dejado sueños atrás; entonces en estos espacios abordamos la problemáticas de género desde sus roles, derechos, crianza, cuidado, salud, autonomía".

La integrante de la comunidad Yagan "Paiakoala" de la ciudad de Ushuaia, María Olinda Vargas, descendiente de yámanas, antiguos habitantes de la costa del canal Beagle, contó a Télam que dejó testimonio sobre la intervención de las mujeres en la sociedad de los primitivos habitantes de Tierra del Fuego.

"En mi comunidad, mujeres y hombres cumplían roles complementarios, se integraban en casi todas las tareas. La mujer era muy considerada porque daba la vida y por eso se la cuidaba", explicó.

Vargas dijo que no existen registros de violencia de hombres hacia mujeres en esa sociedad, aunque "comenzó a haberlos del hombre blanco hacia las mujeres indígenas, durante la colonización europea".

Y valoró haber participado del encuentro como miembro de un pueblo originario "pudiendo, por primera vez, integrarnos a temas sociales de la mujer, desde nuestro lugar y rol. Nuestra historia se reconstruye mucho a través de los relatos orales de nuestros ancianos. Ellos nos han contado cómo era el rol femenino en la comunidad. Pero comprendemos los cambios sociales y cómo ahora la mujer es víctima de violencia casi en forma permanente".

En Santa Cruz, Mariano Caballero contó que participó de la reunión territorial invitado como Jefe del área Mujer Género y Diversidad del municipio de Comandante Luis Piedrabuena, y destacó que allí pudo "plantear las realidades que nos atraviesan al colectivo trans, la no aceptación en distintos ámbitos donde seguimos siendo discriminados al ser tratados como no nos percibimos".

Con 38 años, un hijo, y unido en nuevo matrimonio con una mujer, Caballero contó a Télam que en la transición a la masculinidad tuvo tres intentos de suicidio y se preguntó "cuántos chicos se habrán suicidado por ser discriminados, golpeados, maltratados, no solo por personas de la comunidad sino muchas veces por la propia familia, lo que duele más".

Del encuentro evaluó que "lo bueno es que nos dieron la libertad de poder expresarnos y de hacer entender que somos personas con una forma de amar distinta, con los mismos derechos a amar y a ser respetados ante todos".

Si bien consideró que "falta mucho por hacer", pese a contar con leyes de identidad de género, matrimonio igualitario y la ley provincial Integral Trans (en proceso de promulgación desde diciembre), Caballero destacó que ahora "tenemos todas las herramientas para poder mejorar nuestra calidad de vida y ayudar a otras personas del colectivo LGTBIQ+".

Catamarca también sumó sus propuestas al proceso de construcción de un Sistema Integral de Cuidados Igualitarios, Integral y Federal en un encuentro virtual del que participó Magdalena Vargas, integrante de la comunidad originaria Cerro Pintao y de la ong Red para la Promoción de la Vida, quien explicó a Télam que expuso "desde la mirada de la mujer originaria y la vulnerabilidad de sus derechos" en la provincia.

"Somos una comunidad muy chica, que vamos creciendo de a poco, participé de algunas asambleas a nivel nación diaguita, o sea que con los pueblos originarios que existen acá en Catamarca, esto es un trabajo en red, es un trabajo en conjunto desde mi acción social acá en Santa María", contó.

En el encuentro "pude exponer y ser la voz de las mujeres originarias y el objetivo es justamente poder hacernos escuchar a través de estas oportunidades, ofrecer a las personas que están en esta idea de proyecto las herramientas para que no solo se visualicen las mujeres y problemáticas de la capital, sino también que se tenga en cuenta las mujeres originarias, la que vive en medio del cerro, a la que no le llega la salud a diario, la que no tiene justicia por vivir violencia de género, la que no puede acceder a educación y llega a hasta cierto límite de edad y tienen que dejar la escuela", puntualizó.

En Neuquén, la militante María José Vásquez, coordinadora de la Ronda Organizaciones feministas, sociales y sindicales del Parlamento Territorial de Cuidados, contó que en su caso buscó "visibilizar la desigualdad dentro de las organizaciones, que a veces no se vislumbra, pero hay tareas vinculadas a los cuidados que recaen sobre las mujeres o identidades feminizadas".

"En las reuniones presenciales, es la compañera la que se levanta a preparar el mate, incluso es la que ceba el mate en las rondas mientras los compañeros siguen sentados", ilustró Vásquez.

Pero "se va deconstruyendo poco a poco; las mujeres nos vamos empoderando, dejamos de ponernos en ese lugar y no permitimos que nos pongan en el mismo", manifestó. (Télam)