A través de una nueva publicación, Unicef advirtió hoy que "los efectos" de la pandemia de coronavirus "sobre la salud mental de los niños, niñas y adolescentes podrían prolongarse durante muchos años" en un contexto en el que "los trastornos mentales entre los jóvenes suponen ya una pérdida para la economía de casi 390.000 millones de dólares al año".

Estas conclusiones corresponden al informe "Estado Mundial de la Infancia 2021" difundido hoy que incluye los primeros resultados de la nueva encuesta internacional realizada por Unicef y Gallup entre niños y adultos de 21 países, según la cual 1 de cada 5 jóvenes de entre 15 y 24 años se siente deprimido o tiene poco interés en realizar algún tipo de actividad.

Por otro lado, el relevamiento apunta que de los 46.000 suicidios adolescentes que se producen a nivel mundial cada año, 459 se registran en Argentina –según datos del Ministerio de Salud de 2019-.

En el país, los suicidios representa el 15% del total de muertes adolescentes, en consonancia con lo que ocurre a nivel mundial, donde la interrupción voluntaria de la propia vida es una de las cinco principales causas de muerte para este grupo de edad.

Esto significa que "1,2 adolescentes mueren diariamente a causa de suicidio" en Argentina y "un 14% de estos ocurre en niñas y niños de 10 a 14 años", puntualiza.

"Las consecuencias del Covid-19 tienen un gran alcance, pero son sólo la punta del iceberg. Incluso antes de la pandemia ya había demasiados niños abrumados por el peso de una serie de problemas de salud mental a los que no se les había prestado atención", dijo Henrietta Fore, Directora Ejecutiva de Unicef.

Click to enlarge
A fallback.

"Los gobiernos están invirtiendo muy poco para atender estas necesidades esenciales. No se está dando suficiente importancia a la relación entre la salud mental y las consecuencias que se producen más adelante en la vida", agregó.

Según los últimos datos disponibles de Unicef, al menos 1 de cada 7 niños se ha visto directamente afectado por los confinamientos en todo el mundo, mientras que más de 1.600 millones de niños han sufrido alguna pérdida en su educación.

En Argentina, de acuerdo con los datos de la cuarta ronda de la Encuesta rápida Covid-19 realizada por Unicef en mayo de este año, el 33% de las y los adolescentes manifestó sentirse angustiado y el 25% dijo estar asustado frente a la incertidumbre que genera el contexto del pandemia.

Por otro lado, la reciente investigación realizada por Unicef sobre el efecto en la salud mental de Niños, Niñas, Adolescentes Covid-19 en el país concluye que las y los adolescentes se vieron mayormente afectados emocionalmente, especialmente ligado a la pérdida de proyectos, la disminución de sus posibilidades de participación y la construcción de vínculos sociales.

Por último, una encuesta realizada en Argentina en relación al impacto de la pandemia entre las y los adolescentes arrojó que el 72% sintió la necesidad de pedir algún tipo de apoyo en relación a su bienestar emocional (U-Report).

Los trastornos en salud mental diagnosticados, pueden perjudicar considerablemente la salud, la educación, las condiciones de vida y la capacidad para obtener ingresos de los niños y los jóvenes.

Aunque el impacto en la vida de los niños es incalculable, un nuevo análisis realizado por la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, que también se incluye en el informe, revela que las pérdidas económicas debidas a los trastornos mentales que provocan discapacidad o muerte entre los jóvenes se estiman en casi 390.000 millones de dólares al año.

El informe señala que una combinación de aspectos genéticos, experiencias personales y factores ambientales -en los que se destaca la calidad de la crianza de niños y niñas, la exposición a las violencias, la escolarización, las oportunidades de participación en adolescentes, la discriminación, la pobreza, las crisis humanitarias y las emergencias sanitarias como el Covid-19-, conforman la salud mental de los niños e influyen en ella a lo largo de toda su vida.

Aunque los factores de protección -como la presencia de cuidadores afectuosos, los entornos escolares seguros y las relaciones positivas con las y los compañeros y los espacios de participación de niños, niñas y adolescentes- pueden reducir el riesgo de padecer trastornos en salud mental, el informe advierte que hay importantes obstáculos, como la estigmatización y la falta de financiación de servicios adecuados, que impiden a muchos niños y niñas gozar de una salud mental positiva o acceder al apoyo que necesitan.

El Estado Mundial de la Infancia 2021 pide a los gobiernos y a los asociados de los sectores público y privado que se comprometan, comuniquen y actúen para promover la salud mental de todos los niños, niñas, adolescentes y cuidadores, proteger a los que necesitan ayuda y cuidar a los más vulnerables.

"La salud mental forma una parte integral de la salud; no podemos permitirnos seguir considerándola de otra manera. Hemos observado que, durante demasiado tiempo, tanto en los países ricos como en los pobres, no se han hecho los esfuerzos suficientes para comprender esta cuestión e invertir en ella. Esto tiene que cambiar", concluyó Fore.

(Télam)