El lanzamiento y puesta en órbita del satélite SAC-D Aquarius desafió a la comunidad científico tecnológica argentina, que supo estar a la altura de lo que fue “la misión más compleja desarrollada hasta el momento” y hoy, una década después, el trabajo continúa desde la Conae con proyectos que contemplan el lanzamiento de un nuevo satélite, la nueva edición de los Saocom y la fabricación de vehículos lanzadores propios.

A diez años del lanzamiento del SAC-D Aquarius, misión llevada a cabo por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) junto a la NASA, el organismo argentino considerado un referente mundial de la industria satelital latinoamericana, cuenta con un plan ambicioso de proyectos espaciales y de capacitación de recursos humanos.

“En 2015 y después de cuatro años de funcionamiento, el Aquarius dejó de estar operativo por una falla técnica”, dijo a Télam Sandra Torrusio, gerente de vinculación tecnológica de la Conae, e investigadora principal de la misión en 2011, y agregó que “la misión fue exitosa, el dispositivo tenía una proyección de funcionamiento de cuatro años y fue lo que duró”.

Asimismo, la especialista destacó el enorme trabajo y desafío que implicó para los científicos argentinos lo que consideró que fue “la misión más compleja desarrollada hasta ese momento”, y el nivel de sofisticación que tuvieron “los instrumentos” que llevó el satélite para la recolección de distintos datos que transformaron al dispositivo en “un observatorio para el clima, el océano y el ambiente”.

Tras la puesta en órbita del Aquarius, la Conae llevó a cabo otra misión satelital en la que estuvo a cargo del diseño, fabricación y ensayos de la Constelación Saocom (1A y 1B), dos satélites de observación terrestre que fueron puestos en órbita en 2018 y 2019, respectivamente, cuyo radar SAR en banda L es único en el mundo.

A casi un año del último lanzamiento de este último dispositivo, el organismo se encuentra trabajando en el desarrollo de un nuevo satélite, el SABIA-Mar, que se encuentra “en proceso de construcción y cuyo lanzamiento está previsto para el 2023”, anunció Torrusio.

“El Saocom llevó una carga de instrumentos radar que es una tecnología muy sofisticada, como lo es también la del SABIA-Mar que es un satélite con una carga de instrumentos ópticos, que se desarrolló con un foco muy fuerte en todo lo que es observación costera y del océano, como el monitoreo de clorofila y la temperatura del mar con sensores térmicos, tanto para la región sudamericana como para un escenario global”, detalló la especialista.

Torrusio, que también fue la investigadora principal de la misión SABIA-Mar hasta 2018, remarcó que “desde la Conae se retomaron los proyectos de acceso al espacio para llegar a tener lanzadores propios para cargas un poco más pequeñas” en comparación con el SAC-D Aquarius y el Saocom 1A y 1B.

También precisó que el organismo ya se encuentra trabajando en “una segunda generación” de la Constelación Saocom y “en capacitación y formación en recursos humanos, que es una de nuestras fortalezas”.

“Hay mucha interacción a nivel regional también, buscando proyectos en común, la posibilidad de desarrollar algún satélite meteorológico en conjunto, pero éstos aún son planes a futuro y no algo concreto”, explicó Torrusio, quien concluyó que siguen “trabajando, siempre, en el área de innovación y desarrollo, pensando que la tecnología es un constante avance”. (Télam)