Miles de fieles realizaban esta noche más de cinco cuadras de fila en las veredas del barrio porteño de Liniers a la espera de que a la medianoche se abran las puertas del Santuario de San Cayetano, patrono de los trabajadores.

Con sillas plegables, ponchos, conservadoras y carritos de bebés la multitud organizaba esta noche una fila sobre la calle Bynnon ordenada en pequeños grupos familiares, de compañeros de trabajo o incluso de fieles que se conocen de participar en ediciones anteriores de esta celebración religiosa.

Un grupo de boy scouts distribuía mate cocido y torta fritas entre los feligreses, mientras que en el escenario montado frente al santuario distintos grupos musicales animaban la noche con repertorios religiosos y folclóricos.

Junto al escenario comienzan los pasillos organizados con vallas que separan a las filas de los promesantes, la conocida como "fila lenta" de quienes se detienen frente a la imagen del santo, y la fila de los fieles que saludan la imagen sin detenerse, o "fila rápida".

Al comienzo de la "fila lenta" está Daniela, una vecina de la localidad bonaerense de Ciudadela que llegó el viernes por la tarde, pero que forma parte de un grupo de fieles que desde el mes de abril se rota para hacer la fila en la entrada de la terminal del 106.

Daniela afirmó en diálogo con Télam: "hace muchos años que le vengo a agradecer a San Cayetano y en la fila nos fuimos conociendo con personas que también venían todos los años desde distintos lugares, así nos fuimos organizando y más o menos para abril empezamos a hacer fila en la terminal del 106 dónde nos vamos relevando".

"Los fieles que hacemos esto nos conocemos de vernos todos los años y además de compartir la fé también celebramos cada encuentro", agregó.

Raúl, un operario industrial oriundo de Corrientes, contó a Télam: "hace más de treinta años que vengo a agradecerle al santo; hace tiempo que vivo en Caballito, pero al principio me venía desde Corrientes".

Su esposa, María del Carmen, dijo a Télam: "yo vengo hace 32 años siempre para agradecer, pero este es muy especial porque me salieron los trámites de la jubilación y siento que está vez es para agradecer toda mi vida laboral".

Susana, que recorría la fila ofreciendo espigas de trigo con la estampita de San Cayetano a 200 pesos, contó a esta agencia que "es bueno volver a ver tanta gente después de la pandemia, todavía no estamos vendiendo mucho porque es temprano y la mayoría de las personas que está en la primera parte de las filas son promesantes que vienen de sus casas con las espigas y las estampitas".

Las santerías comerciales ubicadas frente al santuario permanecían abiertas ofreciendo imágenes de San Cayetano hechas de yeso con precios desde 1.200 pesos o velas de diferentes tamaños.

Además, el operativo sanitario dispuso baños químicos en distintas esquinas y un camión de AySA ofrecía agua potable a los fieles. (Télam)