(Por Eurídice Ferrara) Un gesto de la mano, de la cara, doblar el cuerpo y tocarlo como escenificando un trauma para luego bailar con alegría junto a otros compañeros, es el hilo escénico que unifican nueve artistas con y sin discapacidad, quienes festejan los 30 años de danza integradora del grupo Alma, al considerarla "también como un instrumento de apertura social, de sensibilización y de concienciación para todas las personas que quieran bailar".

"Hago un balance sumamente positivo cuando veo el recorrido, que hemos viajado por el país, Cuba, Brasil, Moscú, y siento que quiero dejar este legado a los jóvenes que están estudiando, que sepan que la danza no es solamente bailar arriba del escenario, sino un instrumento de apertura social, de sensibilización y de concienciación para todas las personas que quieran bailar", señaló con emoción a Télam, Susana González Gonz, directora general del grupo de danza integradora Alma, que festeja sus 30 años de permanencia.

Como decía su maestra, Patricia Fucoe, "la danza al alcance de todos, aunque no todos tienen el mismo alcance", recuerda Gonz.

Para quienes pertenezcan al mundo de la danza o solo sean espectadores, Gonz junto a su hijo Demián Ariel Frontera, quien fue el primer bailarín hace 30 años atrás del grupo de danza Alma, realizaron un camino para aprender y demostrar que "un gesto de la cabeza puede ser tan importante como un salto y giro, todo depende de la amplitud y de lo que se quiera transmitir en el mensaje de movimiento".

Con nueve bailarines en escena, dos músicos y otras actividades, Gonz cuenta que "la visión de la danza integradora consiste en la inclusión de bailarines con y sin discapacidad trabajando en un mismo espacio, donde todos aprenden de todos".

La joven rosarina de 21 años, Valentina Vitali, viajó el año pasado a la ciudad de Buenos Aires para participar del grupo Alma.

"Fue una de las mejores decisiones que tomé, te abre mucho la cabeza y el movimiento, es un compartir muy lindo, además de que se puede bailar siempre y que la danza está en todos lados", compartió su experiencia.

Vitali viene del mundo de la danza contemporánea, es alumna de Oscar Farías, el coreógrafo, también rosarino, que fue convocado por Gonz para coreografiar una de las obras que se presentarán en las fechas del festejo por los 30 años de danza y la diversidad.

La obra, "El Lugar donde Estamos", se estrenará el jueves 8 de diciembre, a las 20.30, en el teatro El Cubo, ubicado en Zelaya 3053, en el barrio porteño del Abasto.

Otro homenaje a la danza y la diversidad será la presentación "Motorizando Utopías", que se realizará el jueves 24 de noviembre, a las 19 horas en el centro cultural Haroldo Conti, ubicado en avenida Del Libertador 8151, con entrada libre y gratuita.

Demián tuvo un accidente a los 14 años en una cama elástica, durante un entrenamiento de gimnasia deportiva, y una lesión medular lo obligó a usar sillas de ruedas, pero encontró en la danza su forma de vivir.

"Se genera un vínculo, una sincronía entre las personas en escena, nos volvemos uno, el grupo como un solo cuerpo, pero compuesto por nueve integrantes", comentó sobre su experiencia en escena.

Dos años después del accidente, en el año 1990, conoció la posibilidad de bailar a través de un curso de baile de salón (danza deportiva) que realizó con su mamá, Susana Gonz, docente del profesorado de expresión corporal en la Universidad Nacional de las Artes, quien a partir de ahí comenzó a explorar la diversidad de la danza.

"Fue disparador, descubrir una posibilidad, eso nos valió un viaje a Alemania, bailamos en Munich, mi mamá tomó esas herramientas de danza de salón y las mezcló con sus conocimientos de expresión corporal", contó Demián sobre los comienzos de Alma.

El mayor desafío de Demián fue creer que podía bailar, "fue un proceso de muchos años, donde no sabía por qué lo hacía, pero lo hacía".

"Se trataba de rehabilitar mi cuerpo, pero puntualmente mi autoestima, porque yo creía que aplaudían a la bailarina y a mí, porque intentaba moverme como un bailarín; pero la danza me ayudó un montón: saber que lo que hago es danza, es arte", subrayó.

En tanto, en su búsqueda por definir qué es la danza, Demián encontró que en "el dolor hay un punto de partida, donde también hay belleza, pero no sé si todos quieren verlo".

Así, como ese ciclo vital de alegrías y penas, el bailarín comentó que en la obra "hay un grupo que se moviliza, se manifiesta y hay algunas individualidades que muestran sus escenas dramáticas y quizás personales, y luego el grupo (que bien podría ser la sociedad) ayuda a salir, sostiene o empuja de alguna forma".

"Y ahí se manifiesta el deseo, que es lo que nos impulsa a todos y a todas", concluyó.

En los comienzos de 1990, Susana Gonz, creó el proyecto "Todos pueden bailar", que funciona desde 2005 para estudiantes de la Universidad Nacional de las Artes y desde el 2011 se convirtió en cátedra abierta, para que cualquier interesado pueda concurrir.

"Han venido profesionales de distintas áreas y es maravilloso lo que se crea; y luego vino el grupo ALMA", recordó la profesora.

Aixa Di Salvo, de 35 años, conoce y baila con el grupo Alma desde hace casi diez años, desde el año 2013.

"Cuando vi bailar a Demián, dije: yo quiero esto para mi vida, y él junto con Susana fueron mis grandes inspiradores", contó Aixa, cuyo juego favorito de pequeña era bailar y actuar.

A los doce años tuvo un accidente, a partir del cual tuvo que recurrir a la silla de ruedas, y tras sentir que esos deseos podrían no cumplirse, "entendí que eso sí era posible, que en la condición que uno esté, puede bailar y expresarse a través de la danza o el arte que cada uno elija y eso es revelador y sanador".

Aixa Di Salvo participó del Mundial de Tango con su compañero bailarín, Matías Ramírez, dúo que se conoció bailando en Alma.

"Uno puede expresarse y bailar con todas las partes del cuerpo, sin importar que uno no pueda mover algunas partes, podés bailar hasta con los dedos, la gestualidad, con todo lo que esté disponible y al alcance", señaló la bailarina, con una melena que se mueve junto con su cuerpo y la silla de ruedas que baila al compás de sus sensaciones. (Télam)