Dra. Silvia Gorban de Lapertosa (MN 53191/MP939), profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) y presidenta de la Sociedad Argentina de Diabetes.


El embarazo es un momento importante en la vida de toda mujer. Por eso es fundamental prestar atención a la cantidad y calidad de los alimentos que componen su plan nutricional. Los niños expuestos durante su desarrollo fetal a un ambiente adverso dentro del útero materno, tienen mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas tales como obesidad y diabetes, perpetuando de esta manera un círculo vicioso de obesidad y diabetes a lo largo de hasta tres generaciones.

Las distintas encuestas de nutrición y factores de riesgo en nuestro país dicen que consumimos solo 2 porciones de frutas y verduras por persona de las 5 recomendadas. Los niños, niñas y adolescentes toman 40% más de bebidas azucaradas, 2 veces más de snacks y 3 veces más de golosinas respecto de los adultos. Consumimos el doble de sal recomendada por día. En Argentina 6 de cada 10 adultos presentan exceso de peso. De los niños y niñas en edad escolar, un 30% tienen sobrepeso y un 6% obesidad. Estos niños crecen, y al llegar a la edad reproductiva, su alimentación es baja en calidad generando un ambiente uterino adverso.

Las principales características de esta alimentación de baja calidad nutricional es el alto contenido de azúcar, grasas y sal. El alto contenido de estos nutrientes son característicos en bebidas azucaradas, productos de copetín, golosinas y productos de pastelería.

El mundo está afectado por las tres mayores epidemias de nuestro tiempo: cambio climático, obesidad y malnutrición, que son actualmente el principal desafío de la humanidad. La malnutrición por exceso calórico, de azúcares simples, ultraprocesados, déficit de micronutrientes y desnutrición global tiene efectos marcados sobre el desarrollo del embarazo y el feto. Las enfermedades crónicas se desarrollan desde la impronta epigenética denominada "geno-fenotipo ahorrador". Cuando esos pequeños embriones o fetos son afectados por las condiciones desfavorables dentro del útero materno, son programados epigenéticamente, y cuando desde niños se insertan en el medio rico en alimentos no saludables tienen aún más riesgo de convertirse en individuos obesos, con diabetes, aterosclerosis, o portadores de algún tipo de cáncer.

El momento del parto y la etapa de la lactancia también son de suma importancia ya que promovemos el parto natural y la lactancia materna porque esto protege al niño para evitar desarrollar enfermedades cardiovasculares del adulto.

Los factores externos de la alimentación y el estado nutricional de la madre impactan en la información de los genes y durante tres generaciones seremos lo que nuestra madre comió y nuestra respuesta a esa ingesta en el útero materno. Hasta nuestro gusto por distintos sabores queda grabado y así iremos perpetuando el circulo vicioso de la obesidad y las enfermedades del corazón a través de las generaciones.

Para reducir el impacto negativo de la dieta baja en nutrientes en nuestra generación y las siguientes es muy importante la aprobación en Cámara de Diputados de la Ley de Etiquetado Frontal, aprobada en octubre del 2020 en el Senado de la Nación. Se basa en los mejores estándares: un sistema de advertencias con forma de octógonos negros y el sistema de perfil de nutrientes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Estos aspectos destacados del proyecto de ley cuentan con el respaldo de amplia evidencia científica libre de conflicto de interés, desarrollada tanto a nivel regional como nacional. Este proyecto defiende el derecho a la salud, garantiza el derecho a la información, mejora la alimentación de la población.

Nuestros hijos y nietos tienen derecho a vivir una vida plena y saber qué tiene su plato. Sus madres tienen derecho a reconocer fácilmente el mejor alimento para sus hijos. (Télam)