La problematización y cuestionamiento de la "violencia estética" por ahora no formó parte de la agenda de grandes movimientos feministas como el "Ni una Menos" o el "Me too", según la socióloga y escritora feminista que acuñó el concepto, Esther Pineda G., quien explicó que "el fenómeno viene convocando a las mujeres desde lo individual".

Télam: ¿Cómo han impactado grandes movimientos como El NiUnaMenos o el MeToo en la problematización y puesta en agenda de la violencia estética?

Esther Pineda G: El NiUnaMenos y el MeToo sin dudas contribuyeron a la masificación del feminismo en los últimos años, pero la violencia estética no ha formado parte de estos movimientos o de las problemáticas que hasta ahora han ocupado o atendido.

El fenómeno de la violencia estética viene convocando a las mujeres desde lo individual. Las mujeres vienen problematizándose el malestar que han vivido o viven con su cuerpo; cómo éste se originó en sus casas, sus colegios, sus espacios de trabajo, en la interacción con sus familias, sus amistades o pareja.

La problemática de la violencia estética viene interpelando a las mujeres en la mirada y relación con su propio cuerpo y en como éste es visto y tratado por los demás. También está ayudando a cuestionarse qué las estaba llevando a considerar una cirugía estética o a darse cuenta de cuántas publicidades de procedimientos cosméticos y quirúrgicos le aparecen al día en las redes sociales.

De a poco algunas mujeres van llevando esta discusión a sus espacios laborales, a las aulas, a los medios y a las redes, pero aún no es masivo como lo fue el NiUnaMenos o el MeToo.

T: En Argentina los concursos de bellezas son cada vez menos y pareciera que tienden a desaparecer. ¿Hay una tendencia mundial al respecto?

EP: Los concursos de belleza han perdido audiencia, pero siguen vigentes y no creo que desaparezcan. Por el contrario, seguirán conviviendo con otras formas de cosificación, evaluación y calificación de la imagen y corporalidad de las mujeres como la industria de la moda y cada vez más las redes sociales, donde el valor social de los cuerpos y su aceptación se mide en número de seguidores y likes.

Lo que sí están intentando hacer algunos de estos concursos de belleza es reeditarse, por eso algunos vienen realizando cambios para ampliar el espectro de participantes permitiendo el ingreso de mujeres con más peso del que se exigía, más bajas en cuanto a estatura, con más edad, mujeres trans, casadas, madres, etcétera.

Sin embargo, esto no es inclusión, es una estrategia para mantenerse vigente, para lucrar con la perspectiva de la diversidad corporal, para apropiarse de las consignas del feminismo y el "body positive", así como para desmovilizar las denuncias por sexismo, racismo y gordofobia.

T: En Argentina hay una campaña para concientizar sobre lo nocivo que es decirle todo el tiempo a todo el mundo lo que opinamos de su cuerpos, pero esas prácticas parecen muy difíciles de poder erradicar. ¿A qué lo atribuye?

EP: En nuestras sociedades latinoamericanas está muy instalado que el valor de las personas está estrechamente asociado a su apariencia física, lo cual se ha legitimado durante décadas, incluso a través del discurso popular, con expresiones como "cómo te ves te tratan", "antes muerta que sencilla".

Por otro lado, está muy naturalizado en nuestras interacciones cotidianas el hacer comentarios sobre la apariencia de las otras personas, sea bajo el argumento del cariño, la amistad, la preocupación, la confianza, el chiste o simplemente para romper el hielo.

Comprender y erradicar la violencia estética pasa no solo por cuestionar la industria de la belleza, el mercado de las cirugías, el bombardeo de los medios de comunicación; sino también por cuestionar y modificar nuestras narrativas y prácticas en la vida cotidiana; dejar de decirle a nuestros familiares, amigas, vecinas y compañeras de trabajo que están más gordas o más flacas, dejar de recomendar que se maquillen más porque se están descuidando, que se alisen el cabello o que se lo tiñan porque se ven más viejas con las canas. (Télam)