(Cronista: Soledad González. Fotorreportero: Emilio Rapetti).- La campaña de vacunación contra el coronavirus sigue avanzando hacia cada rincón del territorio de Santiago del Estero. Piruaj Bajo, allí donde sus pobladores dicen sentirse orgullosos de lo que lograron como comunidad aborigen y el primer caso de Covid-19 fue detectado recién en junio pasado, fue uno de los poblados del norte argentino que se sumaron al proceso de inmunización ejecutado por la Nación y esa provincia.

Piruaj Bajo se ubica en el sudoeste del departamento Copo, al norte de la provincia, a 325 kilómetros de la capital santiagueña y a unos 80 del límite con Salta y Chaco. Se trata de un poblado de unas 400 personas, quienes integran una comunidad indígena autoreconocida como descendiente del pueblo lules-vilelas y dedicada principalmente a la actividad forestal.

Los lules y los vilelas constituían dos grupos pequeños y separados de aborígenes nómades, cultural y regionalmente relacionados, aunque hablaban lenguas diferentes. Habitaban la región noreste del actual territorio argentino, parte del cual en la actualidad pertenece a Santiago del Estero.

"Vivimos de lo que nos da el monte", explicaron algunos de ellos a Télam, lo que conlleva a cortar leña, hacer carbón, embolsarlo y venderlo no sólo en pueblos cercanos, sino enviarlo a otros lugares de la provincia. También se sostienen de la producción de postes de quebracho colorado y de la cría de vacas, chanchos, gallinas y caballos.

"Piruaj Bajo viene del quechua, que quiere decir 'troja vieja', porque nuestros antepasados usaban la troja, un depósito de la cosecha, que antes era de mucho zapallo y maíz", cuentan los pobladores de la comunidad.

El operativo de vacunación se inició desde horas muy tempranas en la posta sanitaria del lugar, adonde se acercaron habitantes de 18 a 39 años. "Es una de las comunidades con la que hemos empezado a vacunar a personas de 18 a 39 años", dijo a Télam el coordinador de la Dirección de Interior del Ministerio santiagueño de Salud, Pablo Sgoifo.

"La idea es descentralizar un poco (los puntos de vacunación) para llegar más rápido a la gente con las vacunas", explicó por su parte la coordinadora de la Zona sanitaria Norte y directora del Hospital Nueva Esperanza, Rosana Roldán.

El equipo de salud conoce bien toda esa extensa área y, en ese sentido, Roldán remarcó "el hecho de que la gente tenga que trasladarse (para ser inmunizada) puede resultarle una complicación. Por ese motivo, Salud vino a Piruaj Bajo, como lo hacemos en cada pueblo por más pequeño que sea, para llegar a vacunar a toda la población".

"Es ir al territorio y vacunar en las propias comunidades", añadió la funcionaria, quien sostuvo que en los operativos las autoridades sanitarias brindan información preventiva y sobre los fármacos inyectables porque "hay personas que se quieren vacunar y otras no por cuestiones de creencias u otras razones", pero "se les informa que la vacuna es para todas aquellas personas que quieran recibirla".

Los vacunadores en Piruaj Bajo fueron oriundos de la zona, incluso dos de ellos pertenecen a la comunidad originaria.

Uno de ellos es el agente sanitario Esteban Exequiel Romero (26 años) trabaja desde hace tres años en la posta sanitaria de la localidad, "donde "llevamos todo el registro y el seguimiento a los nuestros", señaló a Télam.

Y agregó que "en Piruaj Bajo contamos con 403 habitantes, hay 92 casas y la mayoría de nuestra población es joven"; una condición demográfica por la cual -dijo- "no hay muchos problemas de salud, más allá de algunas personas mayores, que tienen las enfermedades típicas de la edad".

El interés de ese joven santiagueño por todo lo relacionado a la salud lo llevó a estudiar durante dos años Enfermería, para luego inclinarse por ser agente sanitario, rol que desempeña en la actualidad.

"Me gusta mi trabajo, porque uno puede ir casa por casa, charlar, preguntar qué problema hay y cómo se puede solucionar", relató Romero.

"Poder hacer que la gente se abra para contar lo que tiene o lo que le pasa es una gran satisfacción, porque muchos son cerrados. Si va uno que no los conoce, ellos no quiere hablar mucho", agregó.

"Yo no sólo hablo con ellos de temas de salud o cuestiones sociales, sino también de sus trabajos, porque aquí se hace mucho carbón y también postes de quebracho colorado, todo lo que da el monte, lo cual se lo vende a lugares de la zona y también a otros", detalló en otro pasaje de la entrevista con Télam.

Más allá de su flora y su fauna, de sus silencios y del eco del monte que propaga el viento, la mayor característica de Piruaj Bajo, como en casi todos los pueblos santiagueños, es la hospitalidad.

Con esfuerzo colectivo y con el acompañamiento de los gobiernos nacional y santiagueño, la comunidad de Piruaj Bajo logró muchos avances, tales coo una posta sanitaria, una escuela, un destacamento policial, una delegación de tratamiento del agua, de programa Prohuerta, una iglesia católica y una evangélica, como también cisternas por las cuales recolectan agua de lluvia en cada una de sus casas, además de tener el sistema de agua que funciona con los grandes paneles solares, al igual que la energía eléctrica.

A la mayoría de los pobladores se les asignó viviendas sociales, construídas por el gobierno provincial, las cuales se destacan en medio del monte por el colores de los murales de sus paredes, hechos por estudiantes, y por los paneles solares a través de los cuales obtienen agua y energía eléctrica. (Télam)