Por la Esp. Ana de Pablo, profesora de la Facultad de Ciencias Biomédicas y subjefa del Servicio de Dermatología del Hospital Universitario Austral.


La Semana de concientización para la prevención del cáncer de piel en nuestro país, es una valiosa oportunidad para enfatizar que la educación, respecto a los hábitos de exposición al sol, es la principal herramienta de la que disponemos para prevenir el cáncer de piel. También para conocer mejor las señales que nos deben llamar la atención y recordar la importancia de controles periódicos y consultas oportunas ante dudas. Repasamos algunos datos que pueden ayudarnos en esta tarea de prevención.

¿Qué es el cáncer de piel y cuál es su causa?

Se trata de lesiones que surgen en la piel, que son malignas, pero que engloban un conjunto de tumores de comportamiento diferente. Dentro de este conjunto, se encuentra el carcinoma basocelular, el cual crece lentamente y no implica riesgo de vida (representa, aproximadamente, el 75% de los cánceres de piel), el carcinoma espinocelular, que puede, en determinadas localizaciones ser de mayor riesgo, en especial en las zonas de cabeza y cuello, dar metástasis en ganglios regionales (constituye alrededor del 15% de los cánceres de piel) y el melanoma, que si no es diagnosticado a tiempo, podría dar metástasis en ganglios regionales y a distancia (representa casi el 5%).

En todos estos casos, la causa más frecuente es la exposición a la radiación ultravioleta, cuyo origen más importante es el sol (incluye a las camas solares). También pueden asociarse a la exposición a radiaciones ionizantes, a la ingestión crónica de arsénico (por contaminación de suelos), o a factores genéticos, entre otros.

¿Cómo se puede prevenir?

La medida más importante para la prevención es la educación en cuanto a la exposición al sol (a la radiación ultravioleta RUV), ya que el daño se va acumulando a lo largo de toda la vida. Por eso, si uno va estar expuesto, es fundamental evitar los horarios de mayor intensidad de la radiación (entre las 11 y las 16), procurar las sombras y vestirse adecuadamente protegido (sombrero de ala ancha, ropa para cubrirse con mangas largas). Las zonas del cuerpo que no se puedan proteger de esta forma, deben cubrirse con protectores solares de amplio espectro (que cubran RUV A y B, FPS 30 o más). Lo ideal es su incorporación de forma diaria, para aquellas zonas corporales que tienen exposición continua, como la cara, orejas, cuello, escote, dorso de manos.

¿Cómo se diagnostica? ¿Cómo saber cuándo acudir a un dermatólogo para consultar?

El diagnóstico inicial, presuntivo, se realiza por la inspección durante un control clínico y se confirma con una biopsia de piel (donde se toma una muestra de la lesión, para su estudio posterior). Es un procedimiento sencillo, pero necesita que el paciente concurra para un control, ya sea como chequeo de rutina o ante algún signo de alarma: una mancha o lunar nuevo (en especial en adultos), una mancha o lunar viejo que cambie (de forma, color o tamaño), que sangra espontáneamente o pica. Ante la duda, lo ideal es concurrir a un dermatólogo.

¿Qué cuidados son recomendables con los niños?

Deben ser protegidos desde edades tempranas, para disminuir la acumulación del daño, evitar las quemaduras solares (desde el simple enrojecimiento de la piel, hasta formas más severas, como las ampollas) y cuidarse de los posibles golpes de calor. Los niños menores de seis meses no deben ser expuestos al sol. A partir de esa edad, pueden emplear protectores solares que son para bebés, sobre las zonas que no se puedan cubrir con ropa.

Los protectores para niños son a base de filtros inorgánicos, predominantemente, lo que a veces deja la piel más blanca, y deben ser resistentes al agua y al roce. Es necesaria la reaplicación cada 2 horas o luego de un baño (de mar, pileta) prolongado.

Ahora que se acerca el verano, ¿cómo podemos cuidarnos frente a la exposición solar?

Sumado a lo expuesto anteriormente, es necesario tener en cuenta que la protección a base de cremas, lociones o sprays debe aplicarse unos 20-30 minutos antes de la exposición y renovarse cara 2 horas si seguimos expuestos, tenemos exceso de sudoración o contacto con el agua de forma prolongada. El protector solar no se debe utilizar para tomar sol, sino para cuidar la piel cuando estamos expuestos y no contamos con otra medida de resguardo.

El bronceado es una respuesta de la piel al daño que la RUV provoca: si hay color, hay daño, por lo que es crucial intentar disminuir la cantidad de horas de exposición y evitar completamente el uso de cámaras solares. También se aconseja realizar actividades al aire libre en horarios donde la intensidad de la radiación es menor: temprano a la mañana y después de las 4 de la tarde. (Télam)