Referentas históricas del movimiento feminista coincidieron en que la ley de divorcio vincular, de cuya promulgación se cumplen mañana 34 años, fue un paso más hacia la construcción de un Código Civil menos patriarcal, al tiempo que remarcaron la similitud de argumentos entre esa campaña y la del aborto legal.

"Evidentemente fue una ley muy importante para conquistar derechos y autonomías, sobre todo las mujeres, porque había criterios para evaluar las causales del divorcio controvertido que eran desiguales para varones y mujeres, como por ejemplo respecto del adulterio y la propiedad de los bienes", dijo a Télam la médica psicoanalista e integrante de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Martha Rosemberg.

En ese sentido, "fue un instrumento que aumentó la capacidad civil de las mujeres" en la medida en que equiparó los derechos entre los cónyuges y permitió "un mayor desarrollo democrático", pero también "legitimó otras formas de familia" que, en tanto fueron motivo de oprobio, éste recaía fundamentalmente en la mujer.

"En la medida en que cambian las relaciones familiares en función de las circunstancias y condiciones de reproducción de la existencia, van cambiando las leyes porque aparecen sujetos concretos que lo promueven", dijo.

Y así pasó con la ley de divorcio vincular, que fue sancionada en un momento en que "la gente se separaba y se volvía a unir de manera habitual y masiva" -sobre todo en los sectores medios y pequeño burgueses-, ratificando aquello de que "las prácticas siempre preceden a su legitimación por la ley".

Por otro lado, aseguró que el divorcio vincular "fue un gran golpe" para los sectores interesados en "cristalizar el orden familiar patriarcal moderno y capitalista".

"Las uniones matrimoniales son contratos sociales en los cuales el objetivo, más allá de los proyectos personales de los contrayentes, es la conservación de un orden social regido por las necesidades de reproducción de la familia tradicional", dijo.

Y la institución del divorcio vincular vino a "legitimar la aparición de otros tipos de familia que existían pero no estaban legitimadas", tales como "las familias ensambladas y monoparentales".

"Mucho tiempo después, a partir de la ley de matrimonio igualitario se asesta otro gran golpe al modelo familiar tradicional cristiano/cis/heteronormativo", dijo.

Por su parte, la primera presidenta del Consejo Nacional de la Mujer y principal promotora de la ley de cupo, Virginia Franganillo, aseguró que "con el divorcio pasó como con otras leyes" cuyo debate tiene una trascendencia "que va más allá de lo que se está tratando" porque "se discutían cuestiones fundamentales como la libertad, la justicia, los modos de vida, la dignidad y la separación entre el estado y la iglesia".

"Fue una discusión muy fuerte y rica que marcó el emblema de la época, que nos hizo sentir que en Argentina había democracia, que se daba cuenta de los procesos sociales", dijo esta socióloga, presidenta de la Asociación Nueva Ciudadanía y Coordinadora del Observatorio de Género y Pobreza.

Y si el movimiento de mujeres incorporó a su agenda el divorcio vincular fue porque éste "las independizó" y porque después de esta ley vendrían otras para seguir transformando un "Código Civil en el que las más perjudicadas éramos nosotras".

En ese sentido, apuntó que el peso de tener ilegítimos "recaía sobre las mujeres" y el solo hecho de que "hubiera una ley que habilitaba la infidelidad pero en los varones, marca cuál era la cultura de la época".

La agenda de la Primera Multisectorial de la Mujer "donde confluíamos militantes de los '70, las compañeras que venían del exilio trayendo las novedades del feminismo, las sindicalistas, las organizaciones profesionales y de base; estuvo en línea con todo el proceso de democratización que se abre con el gobierno de Alfonsín y que las radicales habían instalado en sus institutos de formación", contó.

Esa agenda incluía "algunas consignas que venían de organizaciones internacionales -como 'igual trabajo, igual salario'-", la patria potestad compartida que se alcanzó en 1985 "y algunas perlas como el cumplimiento de dos leyes claves de políticas de cuidado que se habían logrado en la puerta democrática del 73 al 76".

Y las posturas que se oponían a estas reivindicaciones provenían "de una derecha anacrónica que quería conservar un status quo que no tenía que ver con la realidad de las familias y las personas", pero también de algunos sectores más conservadores del peronismo contra el que las mujeres movilizadas por el divorcio vincular dieron la batalla interna.

"Para nosotras esta lucha también tuvo su épica porque desde el PJ de Capital Federal, nos enfrentamos a la resolución del Consejo Nacional que se opuso a la ley y nos movilizamos, juntamos firmas", contó.

Es que "en el Consejo Nacional todavía no había habido una renovación después de la derrota electoral" y desde la Capital Federal, "el primer distrito que ganamos" las integrantes de la secretaría de la Mujer "estábamos cuestionando a esas autoridades, a la conducción del PJ dominada por la burocracia sindical y referentes conservadores".

"Fue muy importante, porque fueron de nuestras primeras desobediencias", concluyó.

Por su parte la especialista en Derecho de Familia y abogada feminista Marisa Herrera llamó la atención sobre los muchos "argumentos en común" entre quienes dieron la lucha por el divorcio vincular y quienes hicieron lo propio por el matrimonio igualitario o el aborto legal.

"Hay como una columna vertebral que tiene que ver con la autonomía de la voluntad porque lo que había son restricciones, ya sea a poder volver a casarme, a casarme con alguien del mismo sexo o poder decidir sobre mi cuerpo", dijo. (Télam)