Por Antonio Guterres, secretario General de la ONU.


Este año, las protestas mundiales contra el racismo sistémico han suscitado una atención renovada acerca del legado de injusticias palpables en todo el mundo, cuyas raíces se remontan a la oscura historia del colonialismo y la esclavitud.

Pero la esclavitud no es simplemente una cuestión de historia pasada.

Hoy en día, más de 40 millones de personas siguen siendo víctimas de formas contemporáneas de esclavitud. Más del 71 % de los casos afectan a mujeres y niñas.

En la actualidad, la esclavitud se manifiesta a través de la servidumbre basada en la ascendencia, el trabajo forzoso, el trabajo infantil, la servidumbre doméstica, el matrimonio forzado, la servidumbre por deudas, la trata de personas con fines de explotación, incluida la explotación sexual, y el reclutamiento forzoso de niños en conflictos armados.

Los grupos pobres y marginados, en particular las minorías raciales y étnicas, los pueblos indígenas y los migrantes, se ven afectados de manera desmesurada por las formas contemporáneas de esclavitud.

La desigualdad entre los géneros refuerza aún más las pautas de discriminación.

Hoy exhorto a los Estados Miembros, la sociedad civil y el sector privado a que intensifiquen sus esfuerzos colectivos para poner fin a esas prácticas abominables.

También pido apoyo para detectar, proteger y empoderar a las víctimas y los supervivientes, entre otras cosas mediante el fondo fiduciario de contribuciones voluntarias de las Naciones Unidas para luchar contra las formas contemporáneas de la esclavitud.

El próximo año se cumple el 20º aniversario de la Declaración y el Programa de Acción de Durban, aprobados por la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia.

En este documento histórico se define la esclavitud y las prácticas análogas a la esclavitud como violaciones manifiestas de los derechos humanos.

No podemos aceptar tales violaciones en pleno siglo XXI.

(Télam)