Por la Dra. Silvia Di Segni, Dra. en Medicina, psiquiatra, miembro de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA) y autora de "Sexualidades. Tensiones entre la psiquiatría y los colectivos militantes".


El Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia fue instituido por el colectivo May17 en 2004, en el marco de la lucha contra quienes discriminan, abusan, acosan, atacan y/o asesinan a personas homosexuales, trans y bisexuales. Esto ocurre dado que el patriarcado, aún muy fuerte, se instituyó sobre la base del reconocimiento de una única sexualidad, la heterosexualidad con fines reproductivos y de sólo dos sexos y géneros diferenciados de forma estereotipada: varón/mujer; masculino/femenino, donde el primer término del binomio es valorado como superior. Las personas que no respondan a estas normas serían sucesivamente consideradas pecadoras, delincuentes y, finalmente, con la aparición de la sexología, perversas. La pesada carga no se fue suplantando sino sumando a lo largo de los siglos.

El día elegido recuerda el 17 de mayo de 1990 cuando, finalmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó a la homosexualidad del capítulo de Trastornos mentales de su CIE (Clasificación Internacional de las Enfermedades). Este hecho, sin duda importante, fue muy tardío y permitió que continuaran tanto los sufrimientos como la consolidación de prejuicios en el imaginario colectivo occidental.

A pesar de los enormes avances que se han producido en nuestro país, tanto en la educación como en el reconocimiento de derechos (Ley de Educación Sexual Integral, Ley de Matrimonio igualitario, Ley de Identidad de Género), la vida cotidiana de quienes se alejan de la heteronorma y de los estereotipos de género no es fácil ni libre de peligros.

El argumento que se esgrime para patologizar como perversas a estas personas es que la heterosexualidad, los dos sexos y los dos géneros serían "naturales", productos de la biología. Por un lado, sabemos que esto no es cierto para los sexos dado que aparecen variaciones (personas intersex) también discriminadas socialmente y maltratadas por la medicina. Por otro, sabemos que los géneros son construcciones sociohistóricas que han cambiado en diferentes tiempos y culturas y no "naturales" sino "naturalizados". La pregunta que me surge es: ¿si fueran "naturales" por qué el patriarcado debe apelar al poder de las religiones, del derecho y de la psiquiatría para sostenerlos? No olvidemos que por cualquiera de estas vías se llega a privar de la libertad (en el convento, la cárcel o el hospicio).

Instituciones de enorme influencia en Occidente, como la OMS y la APA (American Psychiatric Association, de EEUU) tardaron demasiado tiempo en la despatologización de la homosexualidad (la APA la comenzó en 1974 y la finalizó en 1988) y continúan patologizando hasta hoy al travestismo, al transgenerismo y la transexualidad. La bisexualidad casi no ha sido patologizada y ha sufrido menos porque puede pasar inadvertida.

Para finalizar, me parece necesario expresar un reparo. En psicoanálisis, una "fobia" es un miedo irracional, inconciente mientras que quienes atacan manifiestan odio conciente, ideologizado. La RAE, por su parte, la define como "aversión exagerada a alguien o algo" y tampoco se trata de esto sino de manifestaciones y crímenes de odio. Quizás no sea fácil encontrar otro término mejor. En alguna ocasión he propuesto misoqueeria (odio hacia lo queer, término que denota a quienes no se reconocen en ninguna casilla que encierre género o sexualidad) ya que miseo, en griego, significa "yo odio". Algo que quienes atacan deberían reconocer.

(Télam)