Promovida por Unicef, la Semana Internacional del Prematuro que inicia mañana se centrará este año en el derecho a la prevención de esa condición a través de controles prenatales para la detección temprana de enfermedades en la persona gestante que puedan predisponer un parto anticipado.

De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año nacen unos 15 millones de niños prematuros en el mundo y en 2015 las complicaciones relacionadas con esa situación, que son la principal causa de fallecimientos en los menores de 5 años, causaron aproximadamente un millón de muertes a nivel global.

En Argentina, de acuerdo con datos de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) de 2018, unos 8.078 bebés nacen antes de término con un peso inferior a 1,5 kilos, lo que representa el 1,1% del total.

La mayoría de estos niños requerirá de largos períodos de recuperación y plazos de seguimiento extensos que incluyen cuidados especializados, controles y atención de todas sus necesidades, entre ellas las nutricionales, algo que resulta clave durante los primeros años de vida para garantizar un adecuado neurodesarrollo.

Se consideran niños prematuros a aquellos que nacen antes de las 37 semanas de gestación, es decir, que "no pudieron completar su desarrollo en el útero, lo que los convierte en niños vulnerables en comparación con otros que nacen a término", sostuvo la jefa de Neonatología del Sanatorio Otamendi, Cristina Osio.

"Particularmente, aquellos que nacen con 32 o menos semanas de gestación o con un peso inferior a los 1.500 gramos, son considerados 'prematuros de alto riesgo' y generalmente presentan inmadurez no solo en sus pulmones sino en todos los órganos, representando un verdadero desafío para el sistema por la salud y para el futuro de ese niño", agregó la neonatóloga pediatra.

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La especialista explicó que los problemas de salud fundamentales que suelen presentar estos niños son anemia, infecciones, bajo nivel de azúcar en sangre, dificultades respiratorias y gastrointestinales, además de algún tipo de hemorragias internas.

"Los mayores riesgos están dados por secuelas como alteraciones neurosensoriales, autismo, trastornos de déficit de atención (con o sin hiperactividad) y, en la edad adulta, una mayor predisposición a presentar obesidad y diabetes", completó Carmen Vecchiarelli, subjefa del Servicio de Neonatología del Otamendi.

Hoy se sabe que los primeros 1000 días, que van desde la gestación hasta los dos años de vida, son vitales para que el bebé alcance su máximo potencial de desarrollo y salud en el futuro.

En el caso de los prematuros, deben implementarse medidas específicas para asegurar que en esa etapa reciban todos los cuidados necesarios y, en este sentido, es fundamental atender las necesidades nutricionales de estos niños que suelen presentar diversos grados de desnutrición al momento del alta, al igual que una óptima estimulación motriz y cognitiva.

"Sin lugar a dudas, la leche materna es la mejor alimentación para un bebé prematuro, ya que le confiere protección inmunológica, además de favorecer el vínculo emocional con su madre", afirmó Osio, quien añadió que en situaciones puntuales cuando la lactancia esté médicamente contraindicada o no exista provisión de leche de un Banco de Leche Humana, pueden utilizarse fórmulas infantiles diseñadas para niños prematuros.

En esos casos, la cobertura de estas leches infantiles "está garantizada al 100% por ley", indicó. (Télam)