Graciela del Carmen Medina es una pequeña productora rural, quien junto a su familia puso en marcha un emprendimiento dedicado a la cría de animales y a la producción de artesanías de cuero y dulces, en la zona campestre de Lamadrid, al sudeste de la provincia de Tucumán.

A algunos kilómetros de donde está ubicado el poblado de Lamadrid, en una zona de campos en cual la vegetación genera beneficios indispensables para el desarrollo de vida en la región, Graciela lleva adelante su emprendimiento acompañada por su pareja y sus hijos, en el lugar donde además vive.

La pequeña productora hace 19 años que se dedica al cuidado de animales, a lo largo de su vida se capacitó con mucho esfuerzo en las distintas actividades en las que se desempeña como la cría de ganado menor, producción de quesos de cabra, dulces artesanales y artesanías en cuero.

"Siempre intentamos que los productos que hacemos sean perfectos, por eso nos capacitamos, si bien muchas cosas en el campo las vamos aprendiendo mientras vamos creciendo, como el cuidado de los animales y recetas de los dulces, siempre hay algo más para aprender", dijo a Télam Graciela.

La emprendedora señaló que sus conocimientos también fueron trasmitidos por su pareja, quien "toda su vida se encargó de la actividad vinculada a la cría de ganado menor, lo heredó de sus padres, y yo aprendí de él durante todos los años que vivimos juntos, que ya son casi 19".

La mujer contó que su emprendimiento surgió en "el 2003 a partir de la formación de una organización de pequeños productores caprinos en la zona" a la que Graciela perteneció y a la cual lideró durante varios años.

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"Con ellos -agregó- nos especializamos en la elaboración de quesos de cabra, algunos saborizados, y también hacíamos artesanías que vendíamos en ferias".

Con esta organización "ganamos tres premios en la Expo Láctea de Trancas, como el mejor queso de Tucumán y hasta llegaron a Italia donde nos dieron el renombre de quesos de cabra Baluarte Slow Food, porque solo los producíamos nosotros", recordó orgullosa Graciela.

"Hicimos muchas cosas con esa organización, fuimos reconocidos a nivel provincial, nacional e internacional, trabajamos muy bien", destacó.

Sin embargo, Graciela hace 5 años abandonó ese grupo y tuvo que vender sus cabras ya que se comenzaron a vender las tierras lindantes a su casa, donde se instalaron fincas que cercaron los campos y "estos animales necesitan mucha extensión para pastar", explicó.

Fueron años muy difíciles para nosotros porque -lamentó la mujer- "vendimos nuestros animales para evitar problemas con los vecinos".

Sin embargo, junto a su familia la emprendedora pudo salir adelante. Actualmente cría "ovejas, seguimos produciendo artesanías en cuero, que es mi actividad principal, hago todo lo vinculado a la marroquinería, también tenemos gallinas ponedoras y elaboramos nuestros dulces".

Hoy toda la familia colabora para llevar adelante el emprendimiento "cuando los adultos estamos en la casa, mis hijos se encargan de cuidar a los animales y darles de comer".

"No es la misma entrada de plata que con la cría de cabras, ganamos menos, pero estoy feliz porque tengo un trabajo y no dependo de nadie, todo es fruto de mi esfuerzo, trabajo para mí misma y para mi familia y creo que eso es lo más importante", manifestó Graciela. (Télam)