Por el embajador Guillermo Oliveri, secretario de Culto de la Nación.

El 13 de marzo de 2013, el entonces arzobispo de Buenos Aires y Primado de Argentina, se imponía el nombre de Francisco al haber sido elegido como el Papa 266º de la Iglesia Católica Apostólica Romana, dando inicio a su pontificado el 19 de marzo de aquel año.

En enero de este año recibí su último libro, Soñemos juntos: El camino a un futuro mejor. En el prólogo, Francisco reflexiona que: "No son solo personas concretas las que están a prueba, sino pueblos enteros. Pensemos en los Gobiernos que tienen que tomar decisiones en medio de esta pandemia. ¿Qué es lo más importante? ¿Cuidar a la gente o que el sistema financiero no se detenga? ¿Dejamos en suspenso la maquinaria que genera riqueza, siendo conscientes de que la gente sufrirá, aunque así salvemos vidas? En algunos casos los gobiernos no lograron comprender la magnitud de esta enfermedad o no contaron con los recursos necesarios. Estos Gobiernos hipotecaron a su pueblo. Las decisiones que tomaron pusieron a prueba sus prioridades y quedaron expuestos sus valores".

Asimismo, y con la particularidad de estar anticipándose a un mundo postpandemia, leo su pensamiento con relación al mundo del trabajo: "Reconocer como sociedad el valor del trabajo no remunerado es vital para nuestro repensar el mundo pos Covid. Por eso creo que es hora de explorar conceptos como el Ingreso Básico Universal (IBU), también conocido como el 'impuesto negativo a la renta': un pago fijo incondicional a todos los ciudadanos, que podría distribuirse a través del sistema impositivo.

El IBU puede redefinir las relaciones en el mercado laboral, garantizándoles a las personas la dignidad de rechazar condiciones de empleo que las encadenan a la pobreza".

La importancia de la visión de Francisco es que, en la medida en que quienes tienen la responsabilidad de gobernar las naciones lo consideren prudente, puede implementarse en políticas públicas en pos del bien común de las sociedades.

En este orden, citando al Papa, en su mensaje del 1º de marzo, el presidente Alberto Fernández expresó ante la Asamblea Legislativa: "Necesitamos aunar voluntades para comprender que ningún país se salvará solo de la pandemia".

A nivel internacional, en su discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, el 8 de febrero pasado, Francisco interpelaba a los embajadores: "...no se puede omitir que en el curso de los últimos años el sistema multilateral también ha manifestado algunos límites. La pandemia es una ocasión que no se puede desaprovechar para pensar y llevar adelante reformas orgánicas, para que las organizaciones internacionales recuperen su vocación esencial de servir a la familia humana, para preservar la vida de toda persona y la paz".

Finalmente, como tantos creyentes de diversas confesiones en el mundo, quiero destacar su viaje apostólico y encuentro en Irak, acompañando a las comunidades perseguidas y coincidiendo con los líderes religiosos Islámicos en la necesidad de lograr la convivencia, dentro de la diversidad y en paz, para el pleno desarrollo de los pueblos.

(Télam)