¿Los bosques implantados de pinos también forman parte de un disturbio generado por el hombre en este ambiente? Si bien no son vegetación nativa y consumen altísimos volúmenes de agua, las forestaciones no representaron un factor de mayor riesgo, sostiene el doctor en Ciencias Biológicas e investigador principal del Conicet Juan José Neiff, especialista en el manejo de humedales.

"Algunas notas periodísticas señalaron que buena parte de los incendios fueron acrecentados por el crecimiento de las forestaciones, lo cual es una falacia total", advierte Neiff.

Una de las razones de ello -precisa- es que "cuando uno revisa las cifras de la evolución del fuego a través de las imágenes satelitales, que realizó el INTA en forma periódica y constante, se da cuenta que en el Iberá se quemaron 840.000 hectáreas. Y si tenemos en cuenta que el Iberá tiene 1.300.000, más del 50% de la superficie se habría quemado. En la misma época y por la misma fuente nos enteramos que, de las forestaciones, que ocupan 550.000 hectáreas en Corrientes, se quemaron solo 32.000 hectáreas, o sea, es menos del 5% de la superficie total".

"No se puede decir sin fundamento que las forestaciones son un peligro en las épocas de incendios –sostiene- porque los sistemas manejados con forestación son los únicos que tienen un contexto preventivo de los incendios como ningún otro sistema manejado en Corrientes y se hace con torres de avistamiento permanente de focos ígneos así como con los consorcios de manejo de fuego con protocolos".

Y analiza: "La pregunta del abogado del diablo es: ¿Porqué se quemaron 840.000 hectáreas del Iberá siendo los humedales sistemas tan valorados no solo por los correntinos, sino por la comunidad internacional, incluso como Sitios Ramsar? Quiere decir que nunca se pensó que esto podría ocurrir. La respuesta realmente es que nunca se estuvo a la altura de esto; nunca se produjo una sequía tan larga, que fue la que causó el escenario necesario para la catástrofe. A nadie se le ocurrió". (Télam)