La agobiante mañana porteña, con sus 32° de temperatura, dejó como postal pública a muy pocas personas habitando las plazas y parques de la Ciudad, haciendo ejercicio o recluidas bajo la sombra de un árbol, libro en mano; similar fue la postal de los niños, muchos de ellos sin remera, que dejaban algunos de los juegos vacíos, sobre todo aquellos que por momentos recibían los rayos de un sol inclemente.

El personal trainer Leandro Abasolo, de 30 años, acompañaba cerca del mediodía en sus rutinas a Pablo Susternan, de la misma edad, quien realizaba flexiones en un banco a la sombra de la Plaza Irlanda, ubicada en el barrio porteño de Caballito.

"Entrenamos dos veces por semana, aún con este calor, pero le aconsejo a Pablo que desayune y se hidrate bien y cambiamos lo aeróbico por ejercicio de fuerza y descansos", describió a Télam Abasolo, quien a pesar de las altas temperaturas tenía su barbijo puesto.

La plaza se encontraba casi desértica, algunas pocas parejas de adolescentes con perros descansando en el pasto o paseándolos y contadas personas a la sombra, leyendo o mirando a sus niños jugar, sin remeras y algunos descalzos.

Como Lucía Peralta, de 74 años, quien es jubilada y vive en el barrio de Flores, y eligió un rincón de sombra que le brindaba un árbol para leer un libro, sentada en un banco con su barbijo puesto.

"Siempre venimos casi al mediodía, mientras mi marido camina yo aprovecho a leer, porque vivimos en un departamento que no tiene ventilación y el parque es un alivio", relató Peralta, mientras transpiraba y corría su vista de la historia de ficción que la llevaba lejos de allí.

Además, según contó, "este año no hay vacaciones porque somos de riesgo por el coronavirus".

A su vista, algunos pocos niños circulaban por el sector de los juegos, donde se sentía mayor temperatura que en el pasto, debido a que el revestimiento de goma del piso parece condensar el calor.

"Tenés los pro y los contra de estos juegos de plásticos y este piso, que da más calor pero es más higiénico (que la arena) y aprovechamos a que los chicos jueguen después de sus clases de fútbol en el parque", señaló a Télam el padre de un niño de 6, Esteban Fachal, quien trabaja como productor en Tecnópolis.

Fachal comentó que en otra área de juegos, donde se hallaba personal del gobierno porteño trabajando, eran de madera, "estaban rotos y astillaban, así que ya están poniendo los de plástico", pero agregó, que vendrían bien "unos aspersores para refrescarse".

Un vecino de la zona, posteó en un grupo de la Plaza, que al tomar la temperatura ambiente de los juegos ayer, el medidor marcaba 31°, sin embargo, la del piso duplicaba el calor.

"¿El patio de juegos de la Plaza Irlanda está preparado para las temperaturas veraniegas? ¿Hace falta sombra?. La medición fue tomada hoy lunes 25 de enero, a las 13.20 horas, la temperatura ambiente es de 31,4° y la de la superficie del piso estaba por arriba del rango de medición, 60°", publicó Guillermo Muñoz.

En tanto, algunos pocos vecinos realizaban sus compras en el mercado barrial de frutas y verduras, al lado de la plaza, y apuraban su paso para volver a sus casas.

La plaza Las Heras, sobre la avenida homónima al 3500, en cambio, tenía los juegos desolados y algunas pocas personas optaron por el ejercicio mientras otras más osadas, tomar sol en malla.

Graciela Aineseder, de 69 años, disfrutaba de su mate, acostada bajo el sol en bikini, sobre una lona junto a su amiga, cuyos cuerpos lucían un dorado de verano playero.

"Yo la paso bien, voy al club GEBA, hago gimnasia aeróbica, y cuando no, vengo a tomar sol al parque", dijo Aineseder, quien dijo estar esperando la vacuna contra la Covid-19 para los de la tercera edad "porque no vinieron para nosotros todavía".

La mujer, jubilada, oriunda de Necochea, vive en el barrio de Recoleta, y contó que "muchas familias bajan de sus departamentos con reposeras y vienen a compartir con familia y amigos".

A su lado, dos amigas venezolanas, Flavia Martínez, de 16, del barrio de Belgrano, y Alejandra Véliz, de 22, de Recoleta, compartían sus acrobacias con una tela colgada a un árbol.

"Con el calor es más difícil porque te deshidratas más, pero tratamos de entrenar igual", contaron con botella en mano.

A unas tres cuadras, el shopping Alto Palermo, albergaba a muchas más personas que optaron por pasar a refrescarse y pasar el tiempo mirando vidrieras, cuyos locales permanecían casi igual de vacíos que los juegos de las plazas.

"Para ser un martes, en pandemia, está más lleno que de costumbre", apuntó una señora de 64 años, quien pidió reserva de su nombre, y contó que salía de su clase de yoga y debía realizar una compra. A su vez, manifestó que "el shopping es más fresco y te alivia". (Télam)