El Hospital Nacional Baldomero Sommer, ubicado en General Rodríguez, a 25 kilómetros de Luján, no es un centro de salud convencional, construido en 1941 como sanatorio-colonia; en realidad tenía la misión de aislar a los enfermos de lepra de la sociedad.

Hoy es el último de su tipo en la Argentina.

Llamado en sus inicios Sanatorio-Colonia Buenos Aires, el Hospital Sommer fue inaugurado el 21 de noviembre de 1941 en cumplimiento de la Ley de Profilaxis de la lepra, junto a otros cuatro establecimientos en el país.

El advenimiento de las sulfonas en 1942 y su aplicación en el tratamiento de la lepra constituyó un hito de la leprología a nivel mundial al surgir el aislamiento químico.

En sus inicios se dividía en dos zonas: la A de "sanos" y la B de "enfermos", y llegaban pacientes por su propia voluntad o forzados. Es que la ley Aberastury, sancionada en 1926, derogada y reemplazada en 1983, era tajante: disponía el aislamiento hospitalario obligatorio y la prohibición del matrimonio civil entre los enfermos, y si el paciente se resistía, intervenía la fuerza pública.

Se comprobó mucho tiempo después, sin embargo, que las posibilidades de contraer la enfermedad son pocas, que es curable y afecta principalmente la piel y los nervios periféricos.

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En la década de 1960 adquirió relevancia el concepto de "rehabilitación", ya que las lesiones y mutilaciones continuaron originando severas discapacidades en los enfermos, incluyendo el aspecto físico, psicológico y social, área en que fueron pioneros los doctores Ricardo Manzi, que luchó activamente por la integración de los enfermos a la sociedad, y Angel Marzetti, director del Centro de Rehabilitación del Enfermo de Lepra inaugurado en este hospital en 1968.

Según la estadística del Ministerio de Salud, el 80% de la población posee defensas naturales contra la lepra y sólo la mitad de los enfermos no tratados son contagiantes.

Todos los que padecieron la lepra sufrieron en algún momento el miedo a la discriminación.

Los pacientes eran marginados, perdían sus bienes cuando eran internados compulsivamente, y en esa época no podían volver a trabajar. Muchos rehicieron sus vidas y se afincaron en las tierras del hospital que el Estado les otorgó, y construyeron con esfuerzo sus viviendas, que, si bien están exentas de impuestos, no son pasibles de comercialización.

Las nuevas familias formaron barrios y desarrollaron un sentido de pertenencia y arraigo.

La lepra no ha sido erradicada y en la Argentina hay entre 300 y 400 casos nuevos por año. El tratamiento es ambulatorio, incluye el uso de antibióticos, antiinflamatorios, el cuidado de las secuelas, y la medicación es entregada en forma gratuita por el Programa Nacional de Lucha contra la Lepra.

En la actualidad, el hospital continúa siendo un centro de atención especializada de enfermos de Hansen y, luego del cierre en 1993 de los antiguos leprosarios del país, quedó como referente nacional para esta patología.

Por otra parte, en el marco de la reestructuración y apertura del hospital, funciona desde 2001 una Unidad de Cuidados Paliativos (PACI) y fueros reequipados los pabellones de Internación, Diagnóstico y Consultorios Externos.

Aun con estos cambios, sigue estando especialmente preparado para internaciones prolongadas, lo que permite la permanencia de enfermos que, por su alto grado de discapacidad, no resulta posible reinsertar en la sociedad.

El Hospital Sommer cuenta con profesionales especializados cuyo objetivo es la integración social de los pacientes hansenianos "históricos" mediante la recreación, la laborterapia y el trabajo orientado al desarrollo de la tercera edad, área en la que también es pionero. (Télam)