La Municipalidad de Lincoln lanzó algunas iniciativas para movilizar el espíritu que cada año anima al "Carnavalincoln", sin implicar espectáculos y eventos masivos, suspendidos debido a la pandemia, y que manifiesten el ingenio y la creación artística que hacen que esta ciudad sea reconocida como Capital Nacional del Carnaval Artesanal.

"En Lincoln históricamente este festejo se ha vinculado a una forma particular de vivir el carnaval y a la expresión de la cultura e identidad del pueblo linqueño, caracterizada por la creación y el desfile de los tradicionales muñecos de cartapesta", explicó Fernanda Martínez, encargada de la difusión del Carnaval en esa ciudad.

En conversación con Télam, Martínez contó que "a partir de una iniciativa de los artesanos Raúl Traversa y Carlos Rivero, de extensa trayectoria en el armado de carrozas a nivel local y nacional, se están preparando unos muñecos gigantes de cartapesta para ser colocados en diferentes puntos de la ciudad con personajes que representan a médicos, enfermeros y fuerzas de seguridad que enfrentaron los avatares cotidianos que arroja la pandemia, como un homenaje y agradecimiento de la ciudad al personal de la salud".

Otra de la iniciativas es la convocatoria a vecinos y comerciantes de la ciudad a participar de un concurso para decorar y "vestir" vidrieras y frentes de casas particulares con motivos alegóricos de carnaval con un requisito fundamental: la técnica de cartapesta debe estar presente en cada diseño. Además, en los barrios y el centro de la ciudad se dispuso parte del techo lumínico con focos de colores, símbolo que caracteriza las noches de corso cada año", dijo Martínez.

El Museo Municipal de Bellas Artes Manuel Balarino (Mubal) realiza una muestra con las creaciones de la primera agrupación de mujeres artesanas de la cartapesta Amalas, quienes obtuvieron el primer premio en las categorías Marionetas y Disfraces en la edición 2020.

El Carnaval de Lincoln tiene una historia que supera los 130 años. En 1889 se registraron las primeras colaboraciones de la comuna con la organización de los festejos que contaban con una animada concurrencia de los pobladores.

En los carnavales de ese año, el profesor Enrique Alejandro Urcola sumó sus conocimientos de artista plástico e incorporó la cartapesta, una de las características del festejo de Lincoln a lo largo de su historia.

Esta técnica le permitía lograr el modelado de grandes figuras caricaturescas sobre esculturas de barro mediante la superposición de trozos de papel con engrudo, fórmula con la que también desarrollaba sus trabajos de escenografía en el Teatro Colón.

En una oportunidad, Urcola confeccionó una carroza con movimientos a la que llamó "Los Peliculeros" y dio origen a lo que con el tiempo se convertiría en el principal atractivo de esta tradición artesanal que ya suma más de 130 años y que ostenta una costumbre popular que se asemeja al Carnaval de Viareggio, en el norte de Italia, por la calidad de las creaciones y el espíritu carnestolendo que anima esta celebración.

Con la llegada de las nuevas camadas de carroceros los trabajos fueron superándose en calidad, no sólo por los ingeniosos personajes elegidos sino también por la cuidadosa técnica de realización que permitía el detalle sutil de los gestos y una producción que el público premiaba con exclamaciones y aplausos.

Con el paso de los años surgieron las minicarrozas, las máscaras sueltas y los cabezudos. Estas atracciones de cartapestas, junto a las carrozas, representan verdaderas expresiones populares y marcan la identidad creativa colectiva del carnaval linqueño, aún cuando por primera vez en su historia, la fiesta fue interrumpida. (Télam)