Científicos del Centro Austral de Investigaciones Científicas (Cadic) dependiente del Conicet y con sede en la ciudad de Ushuaia descubrieron el misterio de la subsistencia del carancho austral en Isla de los Estados, uno de los interrogantes asociados al archipiélago del Faro del Fin del Mundo que no tenía respuesta hasta el momento.

El carancho, cuyo nombre científico es “Phalcoboenus australis”, es un ave rapaz que solo se encuentra en islas del sur de Argentina y Chile, con poblaciones principales en las Islas Malvinas y también en la Isla de los Estados, un espacio de 540 kilómetros cuadrados (tres veces la superficie de la ciudad de Buenos Aires) situada al este de Tierra del Fuego.

La especie se alimenta de huevos y pichones que ponen las cerca de 250 mil aves marinas (como pingüinos penacho amarillo y cormoranes) en la época reproductiva, que se extiende desde septiembre a febrero de cada año, explicaron a Télam científicos del Cadic.

El Misterio consistía en saber cómo sobreviven los caranchos el resto del año, cuando las aves se retiran a desarrollar el resto de su vida en el mar.

“Dado que los caranchos australes son carroñeros, pensábamos que, durante este período, podrían alimentarse de ciervos y cabras. No obstante, nuestro trabajo demuestra que esto no ocurre con frecuencia”, señaló Ulises Balza, biólogo y becario doctoral del Cadic, en dialogo con Télam.

La investigación realizada por un grupo que integra Balza y que dirige Andrea Raya Rey (publicada recientemente por Ecology and Evolution) analizó cómo varían los hábitos alimenticios del carancho en función de la época del año, la edad y el estado reproductivo.

Uno de los principales descubrimientos es que estas aves desarrollaron un mecanismo de supervivencia consistente en alimentarse de los animales muertos que trae la marea, como mejillones y otro tipo de moluscos.

Además, incorporaron a su fuente de alimentación el excremento de lobos marinos que descansan en tierra incluso durante el invierno.

“Realizamos un seguimiento de los individuos en temporada invernal y vimos que dejan las costas de Bahía Franklin, donde anidan las aves marinas, y recorren todas las costas de la Isla, sin adentrarse hacia el interior del territorio”, detalló el investigador.

Una de las hipótesis sobre el misterio de los caranchos consistía en que durante el invierno se alimentaban de la carroña de cabras domésticas y ciervos colorados, dos herbívoros introducidos en la isla.

“Las especies invasoras normalmente se destacan por sus efectos adversos sobre las nativas o los ecosistemas en general y las islas son particularmente vulnerables a sus efectos. No obstante, con frecuencia las exóticas se incorporan a las redes tróficas, y no siempre con efectos negativos para las poblaciones nativas”, analizó Balza.

Sin embargo, la investigación demostró que “sólo el 5% de la dieta de los caranchos estimada en invierno provino de esa fuente, por lo que no sería un subsidio importante para su supervivencia”, afirmó.

De esta forma, también se comprobó que prevalece una interacción negativa entre estas especies, ya que las cabras y los ciervos ejercen una presión sobre las áreas de pastoreo y ello disminuye los sitios disponibles de los caranchos para poder instalar sus nidos.

Por el reducido número de individuos y la fragilidad de los ecosistemas a los que se asocia, “no sería improbable que los caranchos australes desaparezcan de alguno de estos lugares, como, de hecho, ya ocurrió en ciertas islas de Malvinas”.

En términos evolutivos, se sabe que la especie quedó aislada durante las últimas glaciaciones en islas mayormente desprovistas de árboles, y por eso comenzó a anidar en el suelo, cerca de las colonias de aves marinas que le proporcionan sustento durante el verano. (Télam)