Por Cora Steinberg, especialista en Educación de Unicef y Alejandra Cardini, directora de Educación en Cippec.

Durante los primeros años de vida se construyen las bases del futuro de cada niño y niña, de su salud, bienestar y educación. Es el período de mayor desarrollo en la vida de una persona. En esta etapa es necesario que todos y todas reciban oportunidades que permitan desarrollar una vida plena y el ejercicio de sus derechos. El actual contexto, luego de un año sin presencialidad, renueva la urgencia de impulsar la agenda de las políticas para la primera infancia, donde la educación inicial ocupa un lugar crucial.

Argentina ha expandido el acceso a la educación inicial en los últimos 25 años ampliando la obligatoriedad a la sala de 4 años. La sala de 5 está universalizada casi en su totalidad; la cobertura de la sala de 4 se amplió llegando al 87% en la última década; la de 3, al 45%, y en las salas maternales, el crecimiento resultó marginal. Sin embargo, la evidencia muestra que persisten desafíos para garantizar a los niños y niñas servicios educativos de calidad durante sus primeros años de vida. Se registran grandes desigualdades y déficits en la distribución de la oferta de servicios en varias provincias y especialmente en los contextos de mayor vulnerabilidad. La calidad de la educación inicial, a partir de una aproximación que analiza la regulación, muestra un escenario heterogéneo a la lo largo del país.

Estos datos surgen del libro "Mapa de la Educación Inicial en Argentina. Aportes para una agenda de equidad para la primera infancia", desarrollado por Unicef y Cippec. El libro presenta el primer diagnóstico federal del nivel inicial en el país con un análisis comprensivo de la oferta, la regulación y los docentes que se desempeñan en este segmento. El material incluye el relevamiento y sistematización de información estadística y documental, y el análisis inédito de una aproximación cualitativa y exploratoria sobre el desarrollo del nivel en cuatro escenarios diferentes de Argentina.

El estudio permite identificar tres desafíos para garantizar el derecho a una educación inicial inclusiva, equitativa y de calidad. En primer lugar, hay que ampliar el acceso. Esta ampliación debe ser impulsada por la oferta estatal y con criterios de equidad en su priorización territorial, llegando a asegurar oferta de servicios de salas maternales hasta 3 años en los contextos de mayor vulnerabilidad social. Considerar también las necesidades de los distintos contextos para promover jornadas extendidas y las articulaciones con otros servicios de cuidado y desarrollo en el territorio para favorecer la inserción laboral de las mujeres.

En segundo lugar, es necesario que todos los espacios destinados a la primera infancia compartan criterios comunes sobre principios de trabajo; infraestructura y mobiliarios; higiene y nutrición; contenidos críticos y metodologías para el trabajo con niños por grupo de edad, vínculo escuelas-familias y perfiles de los profesionales, entre otros. El tercer desafío consiste en avanzar hacia una distribución más equitativa de los cargos docentes entre sectores y tipos de gestión.

La pandemia e interrupción de clases presenciales ha impactado en el desarrollo de los niños y niñas, en la continuidad de los aprendizajes y desarrollo social, comprometiendo su bienestar general, especialmente entre aquellos que viven en hogares más pobres o tienen necesidades particulares. Las dificultades de implementación de dinámicas remotas y la falta de contacto presencial entre niños y niñas y con los docentes impactan sensiblemente en sus vidas. La puesta en marcha de estrategias para asegurar el sostenimiento de espacios de encuentros será crucial para asegurar el derecho a la educación presente y futura de millones de niños y niñas argentinas. El Mapa de la educación inicial de Argentina ofrece claves fundamentales para avanzar en una agenda de equidad y calidad para la educación inicial.

(Télam)