Gisela Centomo es feminista como su mamá, en un mes se recibirá de psicóloga social, crió a su hija e hijo comunitariamente, milita desde los 12 años, es sobreviviente de violencia machista y ahora es funcionaria del área de género de un municipio del conurbano bonaerense, un cambio de vida que hizo porque "tenía red" y cuando entendió que "una puede ser víctima hasta cierto momento".

En agosto pasado, en plena cuarentena por coronavirus, aceptó ser la coordinadora de Políticas de Género de Esteban Echeverría, en el sur del conurbano bonaerense.

"En política, los lugares se ocupan. Hay que cambiar las estructuras desde adentro", es una de las tantas frases que despliega en la charla con Télam que permiten develar el proceso de esta mujer de 31 años que pudo huir de la violencia, denunciar a su victimario, reconstruirse y, hoy, acompaña a mujeres que están en ese mismo proceso. Y lo hace desde el conocimiento más profundo, porque ella estuvo ahí.

"Un día él me pegó tanto que me di cuenta que me mataba. Si mi hermano no tiraba la puerta abajo y entraba, ese día yo salía en una bolsa. Agarré a mis hijos, salí corriendo y sobreviví", dijo.

Pero, por supuesto, no fue un proceso fácil, ni antes, ni durante, ni después.

"Él era violento desde el principio de la relación. Me sentí muy mal porque yo milito desde los 12 años, mi mamá es feminista. Yo vengo acompañando a mujeres en esa situación y, así y todo, cuando te encontrás con el violento te cuesta verlo", reconoce.

Y a eso le suma "la culpa que sentía, porque tenía herramientas, pero no quita que te pase".

A diferencia de la mayoría de las mujeres que son violentadas, ella fue a hacer la denuncia con toda su familia.

"Después me tomé un mes en el trabajo, pude hacer el duelo. Es diferente como te podés posicionar. Contar con un sostén vincular, familia, en el trabajo, amigas, compañera. Eso no lo tiene cualquier mujer. Todas sufrimos violencia de género, pero estamos atravesadas por distintas desigualdades", analiza.

Por eso su gestión "es en territorio, con un abordaje integral para las víctimas, no solo legal, porque la denuncia por si sola no empodera a nadie. Hay que pensar en lo económico, educativo, en la vivienda, ver cuál es la realidad de esa persona para que se pueda empoderar".

Centomo logró salir, denunciar al violento que "es un hombre con cierto poder político", y pensó en dejar la militancia social que inició desde adolescente en un cooperativa barrial en plena crisis del 2001 en Argentina y en un jardín que prioriza a niñeces de familias monoparentales, de familias comunitarias, como define Gisela.

"Pero conocí a Mayra Mendoza (hoy intendenta de Quilmes) y a Claudia Perugino (a cargo del programa nacional Acompañar) que fueron y son mis faros, que junto a mis compañeras de Todxs por Cristina me sacaron del rol de víctima y me empoderaron", cuenta.

"Ellas vieron mi potencial, y que vos te lo creas es lo mas difícil, porque el violento te desvaloriza", explica.

El relato del proceso judicial, como el de casi todas las mujeres que estuvieron en situación de violencia, es el de una 'experta' en leyes, y sobre todo, conocedora de los vericuetos burocráticos del sistema que sigue violentándolas.

"De todo lo que viví hasta ahora, en lo que más desprotegida estamos es en la justicia, que es patriarcal, que nos condena a las madres protectoras. Seguí con el proceso legal, pero esa no es mi vida", enfatiza la funcionaria.

A pesar de eso, está convencida que el sistema judicial "se puede modificar" y que "hay que seguir luchando para que la justicia ampare y defienda a las mujeres y diversidades. Es posible. Nosotras lo demostramos, con organización, con conquistas. Hay mucho por hacer, lo venimos haciendo. En algún momento va a existir una justicia con perspectiva de género".

Mientras el cambio sucede, sabe que "la protección más grande" fue y son sus compañeras y familia. "Durante dos años me movía con alguien, no andaba sola. Nosotras tenemos que modificar nuestras formas de vivir para no ser hostigadas", remarcó.

En el día a día, Gisela sustenta su tarea "en la contención, empoderando desde lo colectivo. Hay compañeras de Potenciar Trabajo que se profesionalizaron, que hicieron la diplomatura en abordaje de violencia de género, que van a ser promotoras, que van a salir a territorio, para ser referentes para otras mujeres. La primera escucha debe ser en el barrio, porque la prevención se da en territorio".

También trabaja con la juventud "para ver cambios", sobre todo en los varones "porque hay que reconstruir las masculinidades, no podemos seguir así, no pueden replicar las violencias".

Y otra definición de Gisela es que "desde el feminismo no podemos no llorar, debemos hacer un feminismo de la ternura, sin prácticas patriarcales y machistas".

Su hijo mayor, de 14 años, le suele preguntar cómo hace para realizar tantas cosas.

"Hago todo lo que puedo porque llegó un momento que decidí que una puede ser victima hasta cierto punto, si te quedas en ese rol no salís nunca. Llegó un momento que dije basta. Estuve en situación de violencia de género pero eso no va a determinar mi vida. Mi vida la determino yo", es la frase final que define a Gisela Centomo, funcionaria y militante. (Télam)