Investigadores del Conicet lograron confirmar con precisión que la piel de un perezoso exhibido en el Museo de La Plata tiene una antigüedad de 15.000 años y coexistió con los primeros humanos de América del Sur.

Se trata de una piel de milodonte o perezoso gigante, especie que habitó el Pleistoceno, período que abarcó desde hace 2 millones y medio hasta 10 mil años atrás, y fue encontrada en la Cueva del Milodón, una formación natural ubicada al sur de Chile.

Esta piel momificada llegó al Museo de La Plata como producto de una expedición científica organizada en 1899 por esa institución y está exhibido hasta hoy en una de sus salas.

Ese tipo de perezoso fue uno de los animales terrestres de mayor tamaño de América del Sur, con un peso de más de 1 tonelada y 3 metros de longitud.

Un grupo de expertos del Conicet La Plata, utilizando sofisticadas técnicas, analizó la piel y logró confirmar que databa de 15.000 años, novedad que acaba de publicarse en la revista Quaternary Science Reviews.

"La piel es realmente llamativa: tiene un centímetro y medio de espesor con pelos largos de color amarillo rojizo y es dura como la madera. En lo que sería el interior, está tapizada por un montón de huesos pequeños que forman como una armadura, propia de algunas especies de perezosos fósiles", explicó Néstor Toledo, investigador del Conicet La Plata (FCNyM, UNLP) y uno de los autores del trabajo.

La piel había sido datada en 1974 con resultados dudosos y ahora el equipo de científicos volvió a mandar una muestra al mismo laboratorio de radiocarbono –método para determinar la edad de materiales que contienen carbono– que había realizado el análisis anterior, en Estados Unidos y esta vez arrojó una antigüedad de 15.000 años.

Los investigadores enviaron además a un laboratorio argentino un fragmento de hueso del cráneo procedente de la misma cueva, dos punzones, herramientas de hueso talladas por el humano, encontrados junto al cuero del animal, los que datan de 11.300 años carbono 14.

El trabajo de los especialistas también incluyó el registro de dos omóplatos de perezoso, uno de ellos perteneciente a la colección local y el otro a la del museo de ciencias naturales de Zúrich.

Como valor agregado, estas piezas óseas, que cuentan con un fechado de entre 15 y 16 mil años, tienen marcas de corte realizadas por herramientas y otras de arrastre por el suelo.

"Constituye una evidencia indirecta de la presencia humana que por supuesto hay que seguir estudiando, pero es una prueba indiscutible de convivencia con el ser humano y, de comprobarse, sería una de las más antiguas de América del Sur", señala Leandro M. Pérez, investigador del Conicet en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo platense. (Télam)