Llegar hasta Colán Conhué, desde cualquiera de las ciudades cabeceras, incluye el desafío de transitar cientos de kilómetros por la Ruta Provincial de ripio Nº 62. Sin embargo, esa vía tiene la característica de que por cada kilómetro transitado hay un mojón de señalización con la inscripción de Vialidad Nacional.

Apenas Eugenia Neme, la fotorreportera enviada por Télam, llegó al pueblo los pobladores advirtieron: "Esta era ruta nacional, pero la corrieron y asfaltaron otra".

Alguna vez el ex diputado provincial Roque González, hijo del ex gobernador radical homónimo, dijo desde su banca que a esa ruta la habían cambiado por la audaz maniobra de terratenientes poderosos que hicieron valer sus influencias políticas para mejorar el valor de sus campos.

Nadie lo confirmó. Tampoco nadie lo desmintió.

Los viejos pobladores aseguraron que, desde ese momento, Colán Conhué empezó un continuo despoblamiento.

Claro, su esplendor en las primeras décadas del siglo pasado están atados al comercio de ramos generales que levantó el emprendedor Agustín Pujol, en 1916, aprovechando el fluido tránsito entre la costa y la cordillera del Chubut.

A partir de ese comercio se fueron levantando humildes viviendas desde donde se ofrecían servicios al viajero.

Al sacarle esa traza lo transformaron en otro pueblo olvidado de la meseta chubutense con cada vez menos habitantes y la mayor parte de su población entrada en años.

El punto estratégico se quedó sin su principal sustento, porque el tránsito se desvió desde Pampa de Agnia hacia Tecka para llegar a Esquel.

La ruta iba por allí para esquivar dos pronunciadas pendientes en la precordillera y aliviar el transporte de carga que trasladaba la cosecha de lana desde los campos hacia las barracas y a los muelles de exportación.

Si difícil es llegar a Colán Conhué, peor es arribar hasta la población de Aldea Epulef.

Al menos en el primer caso es una ex ruta nacional que le quedó de "herencia" una buena consolidación, ancho de calzada y mojones que señalan los kilómetros transitados.

Pero llegar hasta Aldea Epulef es un desafío del que salvó a Neme el gomero del pueblo, uno de los dos ex combatientes de Malvinas que tiene la población, al que el equipo de la agencia pública recurrió con una cubierta deshilachada por las filosas piedras que se asoman sobre la traza.

"Mientras recorría los caminos de ripio para llegar a Colán Conhué y Aldea Epulef para cubrir la campaña de vacunación, me preguntaba si los científicos que diseñan las aplicaciones en los laboratorios pulcros, robotizados y vanguardistas se imaginan hasta que lugares tan recónditos y apartados llega su trabajo", se interrogó Neme. (Télam)