Un grupo de científicos chilenos a bordo de un buque oceanográfico realizó una investigación en las aguas del denominado “fin del mundo” en busca de organismos como virus microscópicos hasta enormes ballenas, con el objetivo de obtener información que sume para comprender el impacto del cambio climático en todo el ecosistema, se reportó hoy.

A bordo de la embarcación de la Marina de Chile "Cabo de Hornos", 19 científicos exploraron durante nueve días los confines del continente americano, en la región chilena de Magallanes, para investigar la presencia de organismos nocivos y el impacto del cambio climático, en busca de material que ayude a la implementación de políticas para atender la emergencia climática.

El buque zarpó desde la ciudad de Punta Arenas y navegó por los canales y fiordos del Estrecho de Magallanes, y llegó hasta el Canal Beagle, que conecta el océano Atlántico con el Pacífico, consignó la agencia AFP.

"Creo que somos la voz de lo que la naturaleza no puede decir", afirmó Wilson Castillo, uno de los miembros del equipo, quien agregó que "como científicos tenemos mucho que aportar, en especial en un escenario de cambio climático".

La misión pone especial atención en el posible surgimiento de floraciones algales nocivas (FAN), conocidas como marea roja, fenómeno registrado por primera vez hace casi 50 años en la región de Magallanes que dejó un total de 23 personas fallecidas y más de 200 intoxicadas.

A medida que avanza el calentamiento global, muchos glaciares de la Patagonia pierden terreno, volcando en su derretimiento grandes cantidades de agua dulce a los mares, por ello, estudiar las aguas de este lugar es clave ya que presentan condiciones que se espera surjan en otros sistemas marinos en las próximas décadas, a medida que ocurren profundos cambios debido al aumento de las liberaciones de CO2 a la atmósfera y al retroceso de los glaciares.

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Algunas de las variaciones en nivel de PH o salinidad ya fueron estudiadas, sobre todo en aguas superficiales, pero "desconocemos cómo los organismos y específicamente los microorganismos van a responder a estos efectos", aseguró el jefe científico de la misión, José Luis Iriarte.

En las 14 paradas programadas, una roseta -como llaman a un aparato con botellas que mandan hasta 200 metros al fondo del mar- recolectó agua en diferentes niveles, mientras que otros equipos recabaron muestras de tierra del fondo marino -algunas a más de 300 metros de profundidad- mientras buscaron algas y moluscos en las orillas.

El equipo de especialistas ahora tiene una ardua tarea y creen que analizar y procesar toda la información recolectada puede llevar meses de trabajo. (Télam)