Por Julio Torti, Ingeniero químico, director de la Maestría en Gestión Ambiental del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA).


Durante unos 10.000 años el planeta se mantuvo en equilibrio térmico y climático. A partir de la revolución industrial, creció exponencialmente y sin control el consumo de recursos naturales, pese a las numerosas voces que se alzaron con advertencias al respecto.

Es debido a ese crecimiento excesivo que hoy el mundo se enfrenta a la crisis del cambio climático. Esto ocurre, principalmente, por un exceso del efecto invernadero, el cual nuestro planeta produjo de forma natural durante la última etapa de su formación. A partir de la excedencia en el uso de los combustibles fósiles, en especial de carbón y derivados del petróleo y, en menor medida, de gas natural, las emisiones de dióxido de carbono crecieron excesivamente, especialmente en los últimos 50 años.

El 73% de las causas de esta crisis se deben a temas vinculados a la producción y el consumo de energía y un 27% a las malas prácticas agrícolas. En este sentido, cabe preguntarse: ¿a quiénes se responsabiliza por esta crisis?

Para comenzar a responder, cabe mencionar que China y Estados Unidos son los principales emisores de gases de efecto invernadero del mundo y que, junto con la Unión Europea y Rusia, representan más del 50% del total de emisiones. Además, Estados Unidos y Europa son responsables por el 47% del exceso de los gases ya acumulados en la atmósfera.

En la actualidad, Argentina contribuye con aproximadamente el 0.6% del total de emisiones de gases de efecto invernadero, este valor es bajo en el contexto global, pero es alto cuando lo comparamos con otros países con un grado de desarrollo mucho más grande. Nuestro país se comprometió en la cumbre de Paris 2015 a reducir esas emisiones, pero hoy estamos lejos de cumplir con nuestros objetivos. Es necesario aprovechar la oportunidad de utilizar y exportar el gas natural que tenemos en Vaca Muerta ya que es el combustible fósil más eficiente y menos contaminante y, además, hoy es muy demandado en todo el mundo.

Pese a estas distintas realidades, el futuro que se aproxima para la Argentina y el mundo es el mismo para todos. El cambio climático ya nos está afectando, independientemente de quienes generen los excesos de emisiones. Habrá océanos cada vez más ácidos y un aumento del nivel del mar que puede alcanzar 1 cm por año poniendo en riesgo ciudades costeras e islas. Todo esto conlleva a pérdidas de vidas humanas, de fuentes de alimentos; grandes pérdidas económicas y de biodiversidad, además de un aumento de las enfermedades infecciosas.

Todavía estamos a tiempo de solucionarlo o de disminuir sus consecuencias. El escenario supone un enorme esfuerzo conjunto, quizás el mayor que haya enfrentado la humanidad, porque significa realizar enormes inversiones como, por ejemplo, unos 800.000 millones de dólares anuales a nivel mundial en energías renovables para el 2050.

Debemos comenzar por reducir -en los próximos 8 años- la dependencia del carbón y de los derivados del petróleo como fuentes de energía, por construir en forma inmediata centrales eléctricas de otras fuentes energéticas como la eólica, solar, hidroeléctrica e incluso nuclear; así como también, utilizar más gas natural como combustible en centrales térmicas y vehículos, y al hidrógeno como método de generación y almacenamiento. Todo esto debe ser acompañado por un aumento de la capacidad de generación eléctrica para poder utilizar vehículos sin emisiones.

Para poder llevar a cabo este desafío, la tecnología es un factor clave, ya que está presente en todo lo que hay que hacer, tanto a nivel de la inversión como de investigación y desarrollo. Es esencial para lograr que las tecnologías que ya conocemos sean más económicas, seguras y eficientes, así como para generar un crecimiento acelerado en aquellas que están en franco desarrollo. La evolución tecnológica y las mejoras en los diseños de equipos, vehículos y edificios es la esencia de los progresos necesarios en eficiencia energética.

Ante este escenario y panorama, como docentes, tenemos un rol clave y es el de seguir formando a los alumnos como venimos haciendo desde hace décadas, guiar a estudiantes de grado y posgrado en todo lo vinculado al desarrollo sustentable, incluyendo el cambio climático, con rigor académico, técnico y científico. Preparando así, a esos decisores y profesionales que necesitamos tanto en el sector público como en el privado para nuestro futuro. (Télam)