Un estricto cuidado del físico, un amor sin límites por la profesión, el culto a un estilo de vida nómade y la capacidad de desplegar una fórmula imbatible de humor, show y destrezas son algunas de las características de quienes se dedican al arte circense, según el productor general del Circo Rodas, Marcelo Lanza.

"Te lo definiría como uno de los espectáculos más sanos que existen en el medio porque los artistas no pueden tener ni una gota de alcohol ni de nada porque no sólo está en riesgo su vida sino la de sus colegas", dijo.

"Por otro lado, no es algo que se hace por dinero porque si algo aprendimos con la pandemia es que podemos trabajar de otra cosa e incluso ganar más, pero el día que se abrió el circo volvimos todos", agregó.

Y esto a pesar de lo que implica este trabajo, porque "nosotros no sólo trabajamos acá sino que convivimos en el circo", que conforma un minibarrio de familias cuyos niños en edad escolar se van mudando de escuela al compás de las recorridas del circo.

"Hay una ley que nos ampara y que indica que cada vez que llega el circo a un lugar, nos tienen que dar las vacantes necesarias en las escuelas y nosotros hacemos uso de eso. Esa es nuestra vida y la de nuestros hijos que ya están acostumbrados, y que cuando nos vamos a mudar ya están pensando en quiénes van a ser sus nuevos amigos", confió.

Lanza destacó que la del circo es una cultura en crecimiento porque "hasta hace 20 años, cualquier cosa que veías del circo era dentro de un circo" mientras que ahora "hay escuelas de circo por todos lados" y "cualquier obra de teatro incluye números de circo que antes no lo tenía".

"El circo va creciendo día a día en silencio y anónimamente, porque de repente es más fácil armar un espectáculo con alguien mediático que corta mil entradas solamente contando tres o cuatro chismes de algún famoso, que hacer un show con señores artistas cuyo nombre nadie sabe porque no están en una marquesina ni exigen eso: lo único que piden es que el público lo valore a través de su aplauso", dijo. (Télam)