Comerciantes del sector de fuegos artificiales remarcaron que, para esta fiestas de Navidad y Año Nuevo, los clientes priorizaron la compra de productos considerados "más amigable" para niños y niñas con autismo y para mascotas, y lo adjudicaron a una "mayor concientización" sobre los efectos negativos que producen los sonidos de algunos tipos de pirotecnia.

"Ahora los adultos buscan más cohetes luminosos que ruidosos", resaltó una vendedora, durante un relevamiento realizado por Télam entre distintos locales del área comercial de Once, sobre la avenida Jujuy, en la Ciudad de Buenos Aires, cuyos encargados indicaron que los productos que más se compraron durante este año fueron aquellos cuyo impacto auditivo es menor como son los chaski boom, fosforitos, candelas o cañitas voladoras.

"Los rompeportones en los últimos años fueron reemplazados por los petardos y otros de menor efecto pero de mayor impacto visual", agregó otra comerciante.

Previo a estas fiestas, el Sindicato Único de Empleados la Industria de la Pirotecnia y Afines (Sueipa) y la Cámara Argentina de Empresas de Fuegos Artificiales (Caefa) firmaron un acuerdo para no fabricar acordaron eliminar de su producción la fabricación de "bombas y petardos de suelo", debido al daño que provocan en personas con hipersensibilidad auditiva.

El director de Relaciones Institucionales de Caefa, Ezequiel Asquinasi, aseguró que en el mercado ya hay alternativas a la utilización de pirotecnia ruidosa, entre las que se encuentran los "productos amigables", de "bajo impacto sonoro" y que abarcan "muchas líneas de productos, tales como infantiles, candelas, shows, volcanes, fuentes, giratorios y cañas voladoras", en virtud de la existencia de algunas medidas regulatorias dictadas por municipios y porque "más gente los elije como consecuencia de las campañas de concientización".

Otro de los causantes del cambio en el consumo son los precios de los fuegos pirotécnicos que van de los $100 hasta $5000 de acuerdo a la calidad, cantidad y origen del producto.

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"Los adultos piensan mucho en comprar cohetes. Si van a celebrar con varios familiares, adquieren productos al por mayor, que les resulta más rentable que comprar por unidad. También hay demasiada precaución sobre la nocividad de los productos", remarcó una de las vendedoras consultadas por Télam.

Asimismo, algunos comerciantes señalaron que este año se han visto perjudicados por la escasez de la llegada de fuegos artificiales, por complicaciones en la importación:

"Este año hay faltantes de algunos productos como estrellas o lucecitas, cuyos componentes vienen de China", precisaron.

Los compradores mayoristas también vieron modificada su actividad, en parte causado por los controles de las fuerzas de seguridad en algunas áreas de la Ciudad y de la Provincia de Buenos Aires.

"En los últimos tiempos, los que venden se decantan por los chaski boom y los fosforitos, porque son más fácil de conservar y porque los padres lo ven más seguro para los más chicos", destacó una vendedora y otra agregó que "los cohetes ruidosos desde hace años se venden cada vez menos, porque piensan en sus mascotas antes de prender la mecha".

Como viene ocurriendo en los últimos años, la organización de Padres de Niños y Adolescentes TEA inició una campaña de concientización en la que se hace hincapié en los efectos que experimentan las personas, y sobre todo los niños con autismo, al ser expuestos a la pirotecnia ruidosa.

"No es para todos igual, pero una enorme cantidad de chicos tienen hipersensibilidad auditiva y escuchan por demás muchos sonidos y en las fiestas es donde más se nota", señaló Patricio Palau, médico de la organización.

"Muchos tienen grandes crisis, lloran sin parar, se autoagreden y agreden a otros, y la única solución de muchas familias es alejarse kilómetros de sus casas y pasar las fiestas solos, lejos del resto de la familia", lamentó un vocero y agregó que "estas situaciones de crisis pueden durar horas e incluso días".

En esta misma línea, el Colegio de Veterinarios advirtió los peligros del uso de pirotecnia ruidosa, que incluye a las bombas y petardos de estruendo, al afirmar que la dinámica de los días festivos expone a los animales a sufrir estrés por exceso de ruido y explosiones debido a la "extrema sensibilidad auditiva que puede causar pánico entre las mascotas y provocar conductas no habituales como escapar sin rumbo, perderse, lastimarse o lastimar a las personas, además de experimentar "palpitaciones, taquicardia, jadeo, salivación, temblores, sensación de insuficiencia respiratoria, aturdimiento y pérdida de control".

Así, los especialistas recomiendan una serie de medidas de protección para los animales de compañía, como facilitar un lugar aislado de los ruidos para que puedan refugiarse, reproducir ruidos apaciguantes de fondo para enmascarar los estallidos, tratar de acompañar a las mascotas y, en caso de requerirlo, "consultar con tu veterinario de cabecera sobre el uso de feromonas u otros moduladores de la ansiedad".

(Télam)