La perito psicóloga que condujo las entrevistas de Cámara Gesell a tres de los cinco de los niños de entre 3 y 5 años que relataron abusos en el jardín Belén de San Pedro, calificó esos testimonios como “coherentes”, “verosímiles”, “claros” y “sin contradicciones” en marco del juicio que se le sigue a un cura, un portero y una preceptora por esos hechos registrados en 2017.

La filmación completa de esas entrevistas fue proyectada hoy en la sala de audiencias del debate oral que conducen los jueces María Elena Baquedano, Alejandro López y María Belén Ocariz del TOC Nº2 de San Nicolás; y que tiene en el banquillo de los acusados al sacerdote Tulio Mattiusi (49), el portero Anselmo Ojeda (61) y la preceptora María Luján Rubíes (53).

Los tres llegaron a juicio acusados de "abuso sexual simple agravado por la calidad de sus autores", por tener a su cargo la guarda de los menores afectados –en el caso de Ojeda y Rubíes- y por ser un ministro de culto -en el caso de Matiussi-.

“La licenciada Juana Flores dijo que las tres cámaras Gesell fueron totalmente contundentes, que hablaban claramente de abuso sexual, en dos de los casos por parte de los dos masculinos, y en la tercera, por parte de la femenina”, dijo a Télam una fuente presente en las audiencias.

La psicóloga y perita judicial evaluó estos testimonios como “coherentes, verosímiles y descriptos con un lenguaje claro, sin contradicciones”. Por otro lado, refirió que en el relato de los niños “no había posibilidad de implantación de discurso”, que la evocación de los hechos referidos fue acompañada en todos los casos de “signos de angustia” y que todos manifestaban “conductas sexuales no acordes en su edad”.

En cuanto a los dos niños que no relataron los abusos en Cámara Gesell, en los videos se pudo ver claramente cómo uno de ellos “estuvo 20 minutos diciendo que de eso no se acordaba, escondiéndose detrás de una campera y negándose a hablar con una reticencia llamativa”; mientras que el otro entró y salió de la sala de entrevistas diciendo que “yo no quiero contar más esto porque esto ya se lo conté”.

En ambos casos se trató de niños cuya denuncia de abuso llegó a juicio respaldada por otras pruebas, como pericias forenses y los testimonios de familiares, niñeras y psicólogas particulares.

La declaración de la perito psicóloga de la Cámara Gesell se esperaba con gran expectativa, porque el informe de estas entrevistas es una de las pruebas claves de la investigación judicial preliminar.

Además de Flores, habían prestado declaración testimonial hasta el mediodía de esta tercera jornada del juicio una psicóloga particular de una de las niñas, una testigo de concepto aportada por la defensa del sacerdote y una médica forense. Por la tarde estaba previsto que dieran testimonio dos niñeras, la directora, una maestra y la secretaria del Jardín Belén de San Pedro.

En las entrevistas proyectadas de Cámara Gesell los niños cuentan que los imputados -a quienes identifican por sus nombres o señas particulares- les tocaban, introducían objetos y golpeaban la zona genital y que luego les decían que no tenían que contar nada de eso a sus padres.

El debate oral se extenderá por lo menos hasta el viernes -para cuando se espera que hayan terminado de declarar los 60 testigos-, tras lo cual se iniciará la etapa de alegatos de clausura previos a la sentencia.

“Sólo las víctimas pueden correr el velo de la impunidad, solo ellas pueden hacer que un juicio comience y termine, más allá de las presiones para que los juicios no prosperen, porque sólo ellas pueden sensibilizar a la comunidad y hacer posible la justicia”, opinó el ex cura Adrián Vitali, autor del libro “Secreto Pontificio” sobre los abusos en la Iglesia argentina.

“Si las víctimas no hablan, no cuentan, difícilmente estas verdades que a ellos les sucedieron puedan repararse”, agregó.

El escritor y docente consideró, además, la denuncia como un “acto de valor tremendo” que no sólo le permite a las víctimas “poder salir de ese laberinto infernal que es el abuso”, sino también “generar en otras la convicción de que es posible hablar y que te crean, que es posible estar acompañados y salir de la soledad tremenda del abuso”.

“Me parece importantísimo lo que está sucediendo en San Nicolás, como está sucediendo en muchos otros lugares donde la gente ha empezado a hablar, a movilizarse contra los abusos, como pasó recientemente en Río Cuarto donde hubo una verdadera pueblada contra otro cura denunciado por abuso, que fue condenado por la iglesia y no por la justicia”, contó.

“Son procesos que van mostrando un cambio de actitud en la comunidad que les cree y ayuda a las víctimas, pero también presiona para impedir que estos pederastas permanezcan dentro de la institución eclesiástica, que sigan ejerciendo con total impunidad el poder simbólico que tienen en la comunidad”, concluyó. (Télam)