Un subcomisario afirmó hoy en el juicio a una mujer policía acusada por el doble crimen de un matrimonio en Parque Avellaneda en 2019 que la oficial tenía más de 70 mil pesos en un campera el día que denunció falsamente que la habían asaltado y resaltó que cuando le revisó la mochila ante el rumor de que allí escondía el arma que también había reportado como sustraída, descubrió un fajo de billetes.

La declaración fue brindada esta mañana por el subcomisario de la Policía de Ciudad Pablo Plantez, quien era uno de los subjefes de la comisaría vecinal 9C, donde trabajaba la oficial Sonia Soloaga (36), quien es juzgada por el doble asesinato de Alberto Antonio Chirico (71) y su esposa María Delia Speranza (63), ambos jubilados, cometido el 11 de junio de 2019 en su casa de la calle Eugenio Garzón 3581.

Plantez contó en su declaración ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 7 que aquel día por la tarde concurrió hasta la intersección de la Recuero y Culpina, en Flores, donde supuestamente a Soloaga la habían asaltado delincuentes que la interceptaron en su auto y le robaron 300.000 pesos y su arma reglamentaria.

"Era un tiroteo sin vainas. Después de años de servicio, uno huele si puede ser verdad. Sonaba bastante de película el relato que hizo ella. Sin poder probarlo siquiera con un vecino que haya escuchado un solo disparo", dijo Plantez al relatar las dudas que hubo desde el inicio sobre ese robo que luego la acusada reconoció fue una falsa denuncia.

El jefe policial recordó que dentro del auto de Soloaga estaban sus pertenencias, entre ellas el correaje del uniforme con el portacargadores, el portaesposas y la pistolera -sin el arma-, pero además mencionó una campera donde se encontró dinero.

"La cantidad exacta no la recuerdo pero era importante para el momento. No era lo que uno lleva en la billetera, era un poco más", señaló Plantez, tras lo cual se leyó el acta donde constaba que la suma era de 70.850 pesos.

El subcomisario recordó que mientras se trabajaba en el lugar donde supuestamente la habían asaltado, llegó una información respecto a que Soloaga, quien había sido trasladada para un control médico por el estado de shock, podía tener encima el arma que había denunciado como robada, y por tal motivo él mismo fue a la guardia de la clínica Santa Isabel.

El testigo explicó que entró al shock room y primero intentó "tantear la mochila" de Soloaga para ver si por el peso podía darse cuenta si allí ocultaba la pistola y en un momento le preguntó en forma directa si la tenía.

"Ella me lo niega. Me dejó levantar la mochila y no tenía el peso del arma. Ya el arma en ese momento para mí no estaba en la mochila. Si estuvo en algún momento, fue sacada antes de que yo arribe a la clínica", afirmó.

Lo que sí vio Plantez dentro de la mochila, contó hoy en el juicio, fue "un fajo de bastantes billetes de 500 y ropa interior".

Otros dos testigos importantes de la causa que declararon hoy fueron Fabiana Constantino, encargada de un pet shop que funcionaba en la calle Martínez Castro al 1100, y Mariana Pozzobon, una kiosquera de la misma cuadra, quienes contaron que el día del doble crimen y con la excusa de que necesitaba cargar la batería, Soloaga les dejó el celular policial que la geolocalizaba en sus locales, ubicados a cinco cuadras de la escena del crimen.

Según las testigos, por la mañana la imputada le dejó el "POC" en el pet shop y antes de la hora del cierre, a las 13, le envió un mensaje para que se lo cruzara a la kiosquera, por donde pasó alrededor de las 13.30 a retirarlo.

La hipótesis de la fiscalía es que aquel día Soloaga dejó en esos comercios su celular policial para tener coartada e ir a cometer el doble asesinato cuando su geolocalización marcó que estaba en otro sitio cumpliendo el rango de su parada.

Tras los testimonios, los jueces Alejandro Noceti Achaval, Gabriel Vega y Gustavo Rofrano, dispusieron pasar a un cuarto intermedio hasta el 2 de junio a las 9.30, cuando comenzarán los alegatos de las partes..

Según la acusación fiscal, aquel 11 de junio de 2019 Soloaga entró a la casa de los Chirico, con quienes mantenía una relación de confianza porque la dejaban pasar al baño y hasta le servían café, los torturó a golpes y culatazos y luego los ejecutó a cada uno con un tiro en la cabeza, usando un almohadón como silenciador, para robarles entre 70.000 y 80.000 dólares de sus ahorros.

Para la fiscalía, el posible móvil del doble crimen fue la deuda que Soloaga tenía que saldar para poder pagar un viaje a Disney que le quería regalar a su hija por su cumpleaños de 15 años.

Soloaga, quien sigue el debate por Zoom desde una sala del Complejo Penitenciario Federal IV para mujeres de Ezeiza, declaró la semana pasada que es "totalmente inocente" y que el verdadero asesino "se debe estar riendo" de ella.

En aquella oportunidad, y tal como ya había confesado en la causa, Soloaga también reconoció que fue falsa la denuncia que hizo el día del crimen de los Chirico respecto a que la habían asaltado y robado el arma y 300.000 pesos, y que la realidad fue que se había "olvidado" la pistola y el dinero cuando fue al baño de una estación de servicio.

La imputación que enfrenta es por "robo agravado en concurso real con homicidio criminis causa, reiterado en dos oportunidades, cometidos mediante arma de fuego y alevosía, y falsa denuncia", delitos que prevén prisión perpetua.

La causa tiene como segundo imputado al entonces novio de Soloaga, el también policía porteño Diego Alberto Pachilla (37), quien está excarcelado y sólo se le atribuye la figura de "encubrimiento doblemente agravado", ante la sospecha de que la ayudó a deshacerse del arma o de acomodar su declaración en la falsa denuncia. (Télam)