Por Sonia Almada, Lic en Psicología (UBA). Magister en Violencias contra la mujer y el niño (Unesco) Fundadora de Aralma, Asociación Civil. Autora de "La niña del campanario", "La niña deshilachada" y " Me gusta como soy", entre otros trabajos @almadasoniaok.


Lucio Dupuy tenía 5 años cuando fue asesinado en La Pampa. El hecho ocurrió el 26 de noviembre del año pasado, pero podría haber sido cualquier otro día porque esa no fue la primera vez que peligró su vida.

La autopsia reveló que fue maltratado en reiteradas ocasiones y también fue víctima de abuso sexual. Se hallaron las marcas de ataques recientes y de lesiones de mucho tiempo atrás. La multiplicidad de heridas contaban acerca del ensañamiento, del miedo y el dolor que había padecido ante la furia de quienes debieran haberlo protegido.

Lucio no es el primer caso de filicidio o infanticidio que ocurre en Argentina, pero sí uno de los que cobró mayor relevancia, probablemente porque las señaladas por el crimen son la madre y la pareja de la madre, otra mujer.

En todo el mundo, por la posición social de los niños y niñas, esta forma de violencia extrema hacia la infancia es una práctica invisibilizada. Nunca han ocupado un lugar preponderante en la historia de la humanidad, por no ser considerados sujetos públicos ,ni participar de la vida pública, solo confinados a la vida familiar y escolar. Los cuerpos de los niños no les pertenecen a los niños, son parte del patrimonio de los adultos. Desde la Antigüedad hasta hoy, como podemos observar en la clínica, han sido y son objeto de grandes torturas. Un saber a voces que incomoda.

En general los niños y niñas son asesinados por su entorno cercano. Mueren a causa de la violencia intrafamiliar y muchas veces, sobre todo en el caso de las niñas, para ocultar otro crimen de la violencia sexual.

Desde octubre de 2020 y septiembre de 2021 se registraron 9.989 casos de niños y adolescentes víctimas de violencia familiar y/o sexual. La estadística revela que el 74,2% de las víctimas fueron violentadas por alguien de su entorno cercano o ámbito de confianza, es decir que sufrieron violencia intrafamiliar.

El mundo es adultocéntrico y adultista. Existe una forma degradada de pensar, tratar y de hablar de los niños, como si fuesen algo menor o de menos importancia porque el valor de referencia es el adulto. Esta narrativa promueve la desigualdad provocando prácticas discriminatorias y violentas. El niño aparece como alguien molesto o, a lo sumo, como alguien tierno o gracioso, pero siempre en un lugar de objetal, de déficit de quien le falta algo, crecer. La infancia no es ese paraíso perdido para miles de niños y niñas , para muchos es el mismo infierno.

El delito de infanticidio fue eliminado de la legislación nacional en 1994. Desde entonces los asesinatos a niños se incluyen dentro del delito de homicidio. Las estadísticas criminales en el registro oficial de "homicidios dolosos" del Ministerio de Seguridad de la Nación, que sistematiza la cantidad de hechos y víctimas, no desagrega las cifras en subcategorías como "homicidios agravados por el vínculo", lo que permitiría una aproximación a la problemática.

En la Argentina, no tenemos cifras oficiales para trabajar en la prevención de las microviolencias, las violencias y las violencias extremas hacia las infancias, que podrían generar campañas de concientización y prevención.

Las violaciones de los derechos del niño a través de la agresión, la violencia sexual y el asesinato siguen asolando a muchos países en todo el mundo, especialmente porque la falta de información, falta de datos y la falta de políticas públicas agravan el problema.

Al pequeño Lucio lo torturaron hasta asesinarlo y nadie pudo cuidarlo. Su corta vida, como la de tantos otros niños y niñas, quedó truncada por la falta de atención y protección que los adultos debemos brindar.

Las acciones para prevenir y erradicar los malos tratos pueden lograr un cambio significativo, sin embargo la infancia parece ser la luz de gas de las políticas de los estados, se la utiliza para la propaganda para luego enmudecerla y olvidarla.

(Télam)