El comisario que dirigió la investigación por el doble crimen del matrimonio asesinado a balazos en 2019 en el barrio de Parque Avellaneda declaró hoy en el juicio que todas las sospechas apuntaron a la policía imputada, Sonia Soloaga, cuando se descubrió que conocía a las víctimas y solía ingresar a su casa, que tenía una deuda para saldar un viaje y que denunció sugestivamente que le habían robado su pistola que, se cree, fue el arma homicida.

Se trata del comisario Gustavo Gauna, jefe de la División Homicidios de la Policía Federal Argentina (PFA), quien declaró durante la segunda jornada por el juicio en el que Soloaga (36) está acusada del doble asesinato de Alberto Antonio Chirico (71) y su esposa María Delia Speranza (63), ambos jubilados, cometido el 11 de junio de 2019 en su casa de la calle Eugenio Garzón 3581.

Al iniciar vía Zoom su testimonio ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 7, Gauna explicó que el día del hecho su división fue convocada para la pesquisa por la propia fiscal de la causa, Estela Andrades, y que mientras recorrían la escena del crimen e iniciaban las tareas investigativas les llegó un dato.

“Tomamos conocimiento que se había producido un hecho de robo a una personal policial en Flores. De esta circunstancia había sido víctima una policía de la ciudad que era parte de la comisaría de la jurisdicción y con la particularidad de que la damnificada había cumplido servicios en el horario de la mañana y hasta las 14 en el lugar donde estábamos trabajando el doble homicidio”, explicó el comisario.

Gauna recordó que lo que la ahora imputada Soloaga explicó fue que “se dirigía a una entidad bancaria a realizar un depósito y que en esas circunstancias había sido interceptada por dos vehículos, que había efectuado dos disparos con su arma de fuego y que los delincuentes le habían sustraído el arma reglamentaria”.

El jefe policial dijo que “llamó poderosamente la atención” que en el rastreo de cámaras de seguridad se pudo ver el auto de la mujer policía circulando por las calles que había mencionado, pero en ningún momento a los dos vehículos que ella dijo que la interceptaron, ni el asalto.

“También llamó la atención que la damnificada del robo manifestó que efectuó disparos de arma de fuego en dos oportunidades”, dijo el detective tras recordar que en la escena del crimen se encontraron dos vainas servidas 9 milímetros y que las víctimas habían sido ejecutadas de un tiro en la cabeza cada una.

“Se pudo determinar a posteriori que los dichos de la señora Soloaga fueron falsos en cuanto a la sustracción de su arma reglamentaria. Ese hecho fue un ardid para deshacerse de su arma”, opinó Gauna al dar a entender que la pistola de la imputada fue el arma homicida nunca hallada.

A preguntas del fiscal de juicio Oscar Ciruzzi, Gauna también mencionó como “otra particularidad” el hecho de que Soloaga había declarado que los ladrones le robaron “300.000 pesos” que estaba yendo a depositar para una empresa de viajes, y se sabía que “a las víctimas del doble homicidio les habían sustraído dinero en efectivo”, entre 70 y 80 mil dólares.

“Pedimos un informe a ‘Funtime’ y efectivamente recuerdo que esa empresa informó que ella se encontraba pagando un viaje al exterior y venía arrastrando una deuda para finalizar el pago del viaje”, precisó el testigo, al hacer referencia al viaje a Disney que Soloaga quería regalarle a su hija por su cumpleaños de 15 y que, según la investigación, pudo ser el móvil del crimen de los Chirico.

También recordó el jefe de Homicidios que la hija de las víctimas, María Florencia Chirico, les dijo -tal como contó la semana pasada en este mismo juicio-, que sus padres le había comentado que una policía rubia solía entrar a la casa al baño o por algún alimento y que a la madre no le gustaba porque la había escuchado hablar con su marido de “cuestiones de familia e incluso monetarias”.

“Todas estas circunstancias trajeron un grado de sospecha en cuanto a algún tipo de participación en el hecho de sangre que estábamos investigando”, afirmó Gauna ante el tribunal.

“La conclusión que saco de todo esto es que evidentemente las personas que fueron autoras materiales del homicidio de la familia Chirico tenían conocimiento del lugar, sabían los movimientos de la familia e incluso sabían que ellos podían llegar a tener algún ahorro o algún dinero guardado”, afirmó el comisario.

Además, al hablar del almohadón con dos agujeros de bala hallado junto a los cadáveres, insinuó que el o la asesina no pudo tolerar ver el momento en el que los ejecutaba porque los conocía.

“Por experiencia creo que ese almohadón fue usado para silenciar el disparo del arma y para no ver el resultado final del hecho que se estaba cometiendo”, dijo al respecto.

Soloaga, quien sigue el debate por Zoom desde una sala del Complejo Penitenciario Federal IV para mujeres de Ezeiza, declaró la semana pasada que es “totalmente inocente” y que el verdadero asesino “se debe estar riendo” de ella.

En aquella oportunidad, y tal como ya había confesado en la causa, Soloaga también reconoció que fue falsa la denuncia que hizo el día del crimen de los Chirico respecto a que la habían asaltado y robado el arma y 300.000 pesos, y que la realidad fue que se había “olvidado” la pistola y el dinero cuando fue al baño de una estación de servicio.

La imputación que enfrenta es por “robo agravado en concurso real con homicidio criminis causa, reiterado en dos oportunidades, cometidos mediante arma de fuego y alevosía, y falsa denuncia", delitos que prevén prisión perpetua.

La causa tiene como segundo imputado al entonces novio de Soloaga, el también policía porteño Diego Alberto Pachilla (37), quien está excarcelado y sólo se le atribuye la figura de "encubrimiento doblemente agravado", ante la sospecha de que la ayudó a deshacerse del arma o de acomodar su declaración en la falsa denuncia. (Télam)