La Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional confirmó la pena de prisión perpetua para un suboficial de la Prefectura Naval Argentina (PNA) condenado por el femicidio de su sobrina, asesinada en julio de 2016 en el barrio porteño de Villa Lugano y con quien mantenía una relación de pareja a espaldas de su familia, informaron hoy fuentes judiciales.

Los jueces Pablo Jantus, Mario Magariños y Alberto Huarte Petite de la Sala III confirmaron la sentencia que a fines de marzo de 2018 emitió el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 24 sobre Néstor Fabián Quintana (34) por el delito de "homicidio agravado por el vínculo en concurso ideal con femicidio" de Gabriela Villarroel (18).

"Observo que el Tribunal ha efectuado una adecuada valoración de la prueba rendida en el debate y la ha articulado de modo tal que, de su lectura, se puede comprender sin lugar a dudas que ha sido correcta la acreditación tanto de la materialidad de los hechos como la participación del imputado", dijo Jantus en el fallo al que Télam tuvo acceso.

El crimen ocurrió entre las 18 del día viernes 29 y las 19 del domingo 31 de julio del año 2016 cuando Quintana se encontró cerca de su casa con Villarroel, su sobrina política, luego de haberle insistido en verse durante los días previos.

Las cámaras de seguridad de la zona registraron que el efectivo y la joven se dirigieron a la habitación que él alquilaba a unas cuadras de allí, sobre la calle Zelarrayán al 5300.

En ese cuarto y el mismo día, según los resultados de la autopsia realizados sobre el cadáver de la víctima, Quintana asesinó a la chica asfixiándola con una de sus manos en el contexto de una discusión.

La relación de pareja entre ambos fue probada durante el debate mediante las declaraciones de la hermana y amigas del colegio al que concurría Villarroel, quienes aseguraron que el vínculo había comenzado cuando ella tenía 13 años y el hombre 25, y que éste se prolongó incluso cuando él ya había contraído matrimonio con la tía de la joven.

Además, las testigos dijeron que la relación era problemática y que Gabriela era sometida a situaciones de violencia de género por parte del suboficial, y señalaron discusiones que habían existido entre ellos en el último tiempo.

En ese sentido, recordaron escenas de celos que le hacía el acusado a la víctima y algunos mensajes de audio recibidos por la joven en los que Quintana la agredía, y una de sus amigas mencionó que en una oportunidad lo vio "zamarreando" a la víctima.

"Es adecuado establecer que en el caso medió 'violencia de género' por cuanto se vislumbra un desprecio hacia la condición de mujer de la víctima por el mero hecho de serlo, y se manifiesta una estrategia de dominación ejercida por el varón en el caso", sostuvo Jantus en su voto al que adhirieron sus colegas.

En tanto, la hermana de Villarroel declaró que el día del crimen, cerca de las 17.30, ambas habían salido de la casa familiar y se dirigieron a un cibercafé ubicado en la esquina de Murgiondo y Aquino, en Villa Lugano, pero que en la esquina de Somellera y Larrazábal acordaron reencontrarse porque antes Gabriela iba a ver a su novio, un joven de 19 años con el que salía hacía algunos meses y por el cual Quintana solía reprocharle.

La víctima nunca volvió al local donde estaba su hermana ni tampoco había ido a la casa de su novio, por lo que la madre de la chica, al no tener noticias de su paradero, radicó una denuncia en la entonces comisaría 48va. de la Policía Federal Argentina (PFA).

Mientras se realizaba la búsqueda de Gabriela, la familia descubrió que Quintana había tenido una relación clandestina con la víctima, pero en un primer momento el condenado lo negaba.

Tres días después, el suboficial se presentó en esa dependencia y dijo que había mantenido una discusión con Villarroel y que la había matado, para luego informar el lugar en el que se encontraba el cadáver, que estaba envuelto en una sábana y en el interior de cuatro bolsas de residuos dentro de la habitación. (Télam)