Un hombre fue condenado hoy a prisión perpetua y otro joven quedó absuelto al cabo del juicio por el crimen de un chofer de colectivos a quien pretendieron asaltar cuando se hallaba esperando dentro de un automóvil que su esposa terminara de hacer unas compras en un comercio del partido bonaerense de Merlo, en junio de 2020, informaron fuentes judiciales.

La pena máxima por el delito de "homicidio criminis causa" en perjuicio de Federico Rivero (43) recayó sobre Sergio Ariel Armoa (39), quien durante el debate y en dos oportunidades amenazó de muerte a la viuda de la víctima, Norma Andrea Caballero porque lo reconoció como uno de los asesinos.

En tanto, el Tribunal Oral Criminal (TOC) 5 de Morón, integrado por los jueces Marcos Javier Lisa, Julia de la Llana y Gabriel Sotelo, absolvió a Jonathan Alejandro Acosta (29) y ordenó su "inmediata libertad".

"Es una vergüenza, Acosta queda libre, estoy amenazada de muerte y les importó un carajo", dijo la esposa luego de conocerse el veredicto.

Tras el fallo de 34 páginas al que Télam tuvo acceso, el abogado Hugo López Carribero, representante de Caballero, adelantó que apelará esta última decisión de los magistrados.

Es que tanto la fiscal del juicio, Graciela Biasotti, como el letrado solicitaron en su alegato la pena de prisión perpetua para ambos acusados.

"Cabe consignar que Norma Andrea Caballero lo reconoció (a Acosta) por 'sus ojos achinados y su voz'. Pero también dijo que tenía barbijo, visera y capucha y que era de noche y estaba oscuro. Lo conocía, es verdad, desde hacía muchos años, sin embargo la situación que enmarca esa identificación la torna equívoca", dijo en su voto la jueza De La Llana, a la que adhirieron sus colegas.

Además, sostuvo que "los testimonios de los vecinos no fueron más que de oídas, solo se refirieron a comentarios que circulaban en el barrio" y que "ninguno de quienes vinieron a declarar reconoció a Acosta en el lugar del hecho".

La magistrada también tuvo en cuenta que a la hora del crimen su teléfono celular fue captado por una antena en la zona de Villa Sarmiento, "a más de quince kilómetros de ese lugar" y que en sus declaraciones siempre negó haber participado.

"No existe posibilidad de que hubiera estado en el lugar del hecho a las 20 porque a las 19.54 estaba en Villa Sarmiento. Y si quedaran dudas acerca de la hora del hecho, del certificado médico precario surge que Rivero ingresó a la guardia a las 20.30", aseguró.

Por su parte, la jueza dio por acreditado que Armoa cometió el crimen a partir de los "rastros papilares" levantados en la camioneta de la víctima y que fueron ingresados en el Sistema Automatizado de Identificación de Huellas Digitales (AFIS) que determinaron que algunos de ellos correspondían al acusado.

"Con ese dato se detuvo a Armoa y, en ese mismo procedimiento, intentó evadirse con un arma de fuego que logró ser secuestrada; era un revólver calibre .38 marca Detective; y se peritó el arma, que resultó apta para el disparo, se cotejó con el proyectil de plomo deformado extraído del cadáver de la víctima y se concluyó que dicho proyectil fue lanzado por el cañón del revólver peritado", señaló.

En base al testimonio de la esposa de la víctima, para De La Llana "las conductas desplegadas por Armoa en el hecho se desprende su dolo homicida para consumar el desapoderamiento".

"No cesó su agresión sino hasta que se vieron rodeados de vecinos. Los testimonios fueron elocuentes al describir cómo a pesar de que Rivero yacía herido, ambos siguieron agrediéndolo e intentando encontrar las llaves de la camioneta para llevársela. En conclusión, no tengo dudas acerca del acierto en su individualización como quien efectuó el disparo", indicó.

Durante los alegatos, Armoa amenazó de muerte a Caballero, tal como lo había hecho en el inicio del juicio, aunque en sus últimas palabras pidió "disculpas" a la mujer por su comportamiento en las audiencias y si bien reconoció haber participado en el hecho, dijo que no había disparado.

El crimen de Rivero fue cometido el 16 de junio del 2020, cerca de las 20, cuando el chofer que trabajaba en la línea 312 de la empresa de colectivos "La Perlita" y su mujer detuvieron su auto para realizar compras en un almacén del barrio.

Según la viuda, ambos se trasladaban en su Renault Sandero azul y se detuvieron en un comercio situado en Sucre, entre Esquiú y Finochietto, del barrio La Blanquita, donde ella bajó a comprar una gaseosa mientras su marido se quedó a bordo del auto en marcha.

En esas circunstancias, Rivero fue abordado por dos asaltantes que quisieron robarle, aunque se resistió e intentó bajar del rodado.

"Ahí siento el tiro y el grito de él", recordó la mujer que estaba a pocos metros y que, al regresar al auto, encontró a su marido herido y caído hacia un costado, con medio cuerpo colgando hacia afuera, ya que los asaltantes intentaron sacarlo para llevarse el rodado.

La mujer alcanzó a sacar la llave del vehículo y forcejeó con uno de los ladrones, quien escapó con su cómplice tras apoderarse de los teléfonos celulares de la pareja, de una riñonera con 500 pesos y documentos que estaban al lado de la palanca de cambios.

Caballero llevó a su esposo herido hasta el hospital Eva Perón, aunque Rivero sufrió tres paros cardíacos cuando era intervenido y murió debido a que el proyectil que lo impactó le ingresó por la axila a la altura del hombro derecho y le afectó los pulmones y el corazón. (Télam)