(Por Matías Berges) - El caso por la violación y asesinato de Lucila Yaconis causó conmoción en toda la sociedad aquel lunes post Pascuas del 2003. Su cuerpo apareció junto a las vías del tren en el barrio porteño de Núñez, e Isabel, madre de la adolescente, cree ahora que a 19 años del crimen "sería muy iluso" pensar que se podría dar con el asesino y sostiene que su "única esperanza" es que a partir del Registro Nacional de Huellas Genéticas -que ella misma impulsó- pueda encontrarse al homicida como reincidente en este tipo de delitos.

En diálogo con Télam, la mujer señaló que en el último año se realizaron dos contrapruebas de ADN "de una persona que estaba detenida hacía muchos años y de otra persona que estaba en la causa", porque vivía a la vuelta de la casa de su madre, al momento del crimen de Lucila, y "había sido involucrado en un intento de abuso sexual en el barrio".

"Dieron negativo y ya no hubo ningún avance más. Imaginate que yo siempre lo digo, que sería muy iluso pensar que después de 19 años se podía dar con el asesino. La única esperanza pero eso sería muy a futuro, es que con la nueva ley del Registro Nacional de Datos Genéticos Vinculados a Delitos contra la Identidad Sexual (RNDG) apareciera una persona que fuera reincidente", señaló la cofundadora de la Asociación Madres del Dolor.

Isabel expresó que "lo único" que puede "agradecer es que dentro del daño que pudo haber recibido" su salud, es que su "cabeza" siguió funcionando, ya que "fue todo cuestión de minutos", despedirse de Lucila "y a la hora llegar a casa y saber que estaba muerta".

"Pensar en los últimos momentos de la vida de mi hija ha sido tan doloroso, que se lo digo a veces a las mamás, cuando vienen con su mismo dolor, den vuelta rápido esa hoja", afirmó la mujer.

En ese sentido, dijo que esa actitud le "permitió ver con claridad muchas cosas" y que "una muerta no se repara", por lo que "hay que mirar para adelante, para el futuro, para los que quedan".

"Y una manera de que a mi hija no se la olvide, es este trabajo que me propuse, el famoso Banco Nacional de Huellas Genéticas, que tanto nos costó y fue tremendamente resistido", aseguró la madre de Lucila.

El banco registra los ADN de los violadores ya condenados para luego cotejarlos con los perfiles genéticos de casos no esclarecidos.

Sin embargo, la mujer advirtió del "dilema" que tienen y que los "enoja como sociedad", en cuanto a que "todavía hay provincias que no firmaron convenios con el registro nacional para aportar las muestras que tienen en sus laboratorios".

Isabel citó como ejemplo a las provincias de La Pampa y Córdoba, como así también a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y cree que la negativa a adherir al registro se debe a "mezquindades políticas".

"La vida continúa, nada se para, pero hay que tomar consciencia de que no se puede llorar por lo que no se pudo hacer, hay que dejar de correr atrás, si corremos atrás de las tragedias nunca vamos a solucionar nada, y yo no podía creer que la República Argentina no tuviera un banco de huellas genéticas", aseguró la madre de Lucila.

Por último volvió a referirse a su hija, con motivo de cumplirse un nuevo aniversario del crimen, y señaló que para ella "la muerte fue anoche", porque cree haber quedado "congelada en el tiempo" y no se dio cuenta de que "pasaron 19 años" de su vida.

"Al no parar, al levantarme pensando que más hacer, al levantarme pensando a quien voy a asistir, a quien le voy a dar una mano, con quien tengo que hablar, para que esta llama nunca se apague. Esa fue mi vida en los últimos 19 años y te puedo asegurar que ninguna alegría que te de la vida, como puede ser la boda de algún otro hijo que te quede, el nacimiento de los nietos, nada se puede vivir intensamente porque siempre va a haber en lo más profundo de tu corazón esa cicatriz, esa huella que te quedó cuando te arrancaron a tu hijo", concluyó Isabel.

Lucila tenía 16 años cuando el 21 de abril de 2003 se dirigía a la casa de su abuela y en el camino fue golpeada y asfixiada por un hombre al resistirse a una violación a metros del paso a nivel de la estación de trenes del barrio porteño de Núñez, donde actualmente hay una plazoleta que la recuerda.

La causa, en la que nunca hubo un solo acusado, sigue a cargo de la Fiscalía de Distrito Núñez-Saavedra y del Juzgado de Instrucción 15 porteño de Karina Zucconi, quien ordenó las últimas diligencias llevadas a cabo.

Tras el crimen, Isabel fue cofundadora de Madres del Dolor y desde la asociación fue una de las principales impulsoras del banco genético de violadores, creado mediante la Ley 26.870, sancionada en julio de 2013 y promulgada mediante su publicación en el Boletín Oficial 10 días después.

En el asesinato de Lucila, el violador dejó su ADN en la escena del crimen y éste fue precisamente el primer registro en ser incorporado formalmente al mencionado banco.

Además de servir para promover la creación del registro de violadores, el caso de Lucila derivó en mejoras en materia de seguridad en la zona de la estación de trenes de Núñez. (Télam)