(Por Silvina Oranges).- "Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio": con esa máxima, el argentino Jorge Bergoglio iniciaba hace ocho años su pontificado, una idea fuerza que atraviesa su magisterio y accionar en favor de tender puentes y acercar posiciones entre las personas, las naciones y las religiones, en un mundo fragmentado y globalizado.

Aquella frase fue el eje central de la homilía de la misa multitudinaria con la que dio inicio a su pontificado, el 19 de marzo de 2013 en la plaza San Pedro, ante líderes políticos, sociales y religiosos del mundo entero que querían conocer de primera mano el mensaje que traía el primer papa latinoamericano "venido casi del fin del mundo".

A ocho años de su elección, Francisco se ha convertido en una figura moral indiscutida a nivel mundial, con su ejemplo de sencillez y coherencia entre el discurso y las obras. Con creatividad y audacia, Francisco se consolida como un líder mundial con una destacada capacidad de convocatoria y diálogo.

En todo su magisterio y en especial en su encíclica Fratelli Tutti (Todos somos hermanos), difundida el año pasado en plena pandemia, Francisco habla de la necesidad de recuperar la fraternidad mundial y la amistad social; se refiere también a la política como un servicio de caridad y habla de la reivindicación de la "sana política".

Para el Papa, la mejor política es aquella orientada al servicio del bien común, que pueda poner en el centro la dignidad del ser humano, garantizada a través del trabajo, donde cada uno desarrolla sus propias capacidades.

En ese rico texto, el Papa argentino reivindica "la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común" y se pregunta: "¿Puede haber un camino eficaz hacia la fraternidad universal y la paz social sin una buena política?". En las palabras del Papa, lo que el mundo necesita no es menos política sino una más humana y menos sometida a la economía.

Francisco pide en reiteradas oportunidades a los líderes políticos del mundo que dialoguen, que escuchen a su pueblo, que hagan prevalecer la unidad, que estén cerca de los jóvenes y los marginados y, sobre todo, que no se dejen corromper.

Esas actitudes son las que buscó llevar a la práctica durante estos ocho años de pontificado: liderar con humildad, desde lo gestual como haber roto la tradición de usar calzado de color rojo y preferir sus viejos zapatos negros que descolocaron a la opinión pública cuando asumió en 2013, hasta las acciones pastorales ricamente simbólicas, que apuntan a la "revolución de la ternura" y la "pedagogía de la misericordia".

Desde el comienzo de su papado se observaron innumerables gestos compasivos y conmovedores en el Papa argentino que llamaron la atención del mundo entero: la presencia constante en su agenda del mundo del dolor, tanto en hospitales con enfermos y discapacitados como en cárceles, donde cada Jueves Santo le lava los pies a doce jóvenes presos; el abrazo cálido con los niños que lo visitan o en sus viajes por el mundo, compartir su cumpleaños con los 'sin techo´ de Roma o salir en persona a comprarse un par de anteojos a una óptica cercana al Vaticano.

Yañez Papa Francisco

Es habitual que se tome selfies con los fieles, que se coloque rápidamente los regalos que le hacen, y que pida y reciba la bendición de otros, tal como hizo aquel 13 de marzo desde el balcón de San Pedro como obispo de Roma.

La prédica constante en favor de la "cultura del encuentro" frente a la "globalización de la indiferencia", que denunció en uno de sus primeros viajes, a la isla de Lampedusa, lo llevaron a acercar posiciones y construir puentes entre naciones y religiones.

Los ejemplos son innumerables: el acuerdo firmado con China en 2018, sus viajes de 2019 a Emiratos Árabes y Marruecos que profundizaron el diálogo entre la Iglesia católica y los musulmanes, el acercamiento entre los pueblos de Medio Oriente, su grito de "no a los muros, si a los puentes" frente a la situación de los migrantes en el mundo, entre tantos otros.

Su reciente y exitoso viaje a Irak, sumido en una grave crisis política y social, volvió a demostrar su vocación de tener puentes, en el marco de uno de los viajes más arriesgados de su pontificado.

Con un fuerte impacto político y religioso, la gira transcurrió sin incidentes, con momentos históricos, y le permitió acercarse a la minoría cristiana del país, una de las más perseguidas en Medio Oriente.

Jorge Bergoglio es capaz de pasar de las grandes acciones pastorales y geopolíticas, a los pequeños gestos de cercanía y sencillez que colman de fe y alegría los corazones de los fieles: desde las llamadas telefónicas a madres que perdieron a sus hijos o a ciudadanos anónimos que le escriben miles de cartas por día, hasta el envío de rosarios bendecidos a familias que deben atravesar por momentos difíciles hasta visitas sorpresivas y fuera de agenda.

En cuanto a su relación con la Argentina, el Papa dijo recientemente que lo "afligen" los problemas del país, donde habitualmente su prédica y sus mensajes continúan generando diversas interpretaciones y visiones un tanto distorsionadas por manipulaciones de sus palabras entre ciertos sectores y medios de comunicación.

El postergado regreso a la Argentina se entremezcla con la paradoja de aún no poder -con su presencia- tender puentes y aportar una solución a un viejo problema argentino, la tan mentada grieta de la sociedad del país que lo vio nacer. (Télam)