Lucía Tejera, abogada de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, participó este año, junto a la fiscal Josefina Minatta, el juez Pablo Seró e integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), de varias inspecciones oculares en la zona del Ibicuy que incluyeron largos periplos por las aguas del Paraná en busca de información que los llevaron hasta la quinta "El Silencio", en las islas del Tigre de la provincia de Buenos Aires.

“Hicimos varias inspecciones y llegamos a navegar hasta 200 kilómetros por los arroyos del delta del Paraná. Buscamos a pobladores que sabíamos que habían visto algo. Paramos en muelles y fuimos recabando varios testimonios que fueron muy útiles para el avance de la investigación”, señaló Tejera en diálogo con Télam.

En una de esas visitas, que incluían paradas en los muelles de varias islas, los funcionarios judiciales dieron con un hachero de apellido Monzón, curtido en el oficio de cortar madera en esa zona de densa vegetación.

El hachero, con mucho recorrido por todas esas islas, les contó que por los años de la última dictadura, había escuchado gritos en un lugar donde había ido a talar.

“Nos contó que había ido una vez, escuchó gritos de dolor, gente que se quejaba y no quería ir solo a ese lugar. Cuando nos llevó hasta el lugar comprobamos que estábamos en la parte de atrás de la isla donde estaba ‘El Silencio’”, señaló Tejera en diálogo con Télam en referencia a una quinta donde la Marina alojó a detenidos de la ESMA.

En 1979, en el marco de la visita que realizaron al país los integrantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para verificar las denuncias contra la dictadura, a los detenidos de la ESMA se los trasladó a ese lugar para mantenerlos ocultos.

Desde 1975, el predio de alrededor de 50 hectáreas era propiedad del pro vicario castrense Emilio Teodoro Grasselli (ex capellán de la Iglesia durante la dictadura cívico-militar) y otras tres personas, y en la actualidad es una propiedad privada que hace dos años fue señalizada como centro clandestino de detención ilegal.

Tejera indica que la información que se recabe en el cementerio de La Tinta, cercano a Villa Paranacito puede ser vital para esclarecer esta causa de los vuelos de la muerte.

En ese lugar hay tumbas NN, que incluso fueron inhumadas en el marco de las investigaciones que se llevaron a cabo para dar con los restos del desaparecido empresario Rodolfo Clutterbuck, víctima de un secuestro extorsivo ocurrido en 1988.

Los restos que se inhumaron no permitieron arrojar datos sobre el empresario, pero el personal que trabaja en el cementerio asegura que fueron devueltos y que se encuentran en el lugar.

“Estamos ahora en la tarea de identificación, eso lo hará el EAAF, que está definiendo con qué otros elementos técnicos se pueden buscar lugares de enterramientos clandestinos. No nos olvidemos que estamos ante un terreno muy complicado. Con mucha vegetación y donde hay varios movimientos de suelo”, subrayó Tejera.

La causa pudo avanzar con los testimonios aportados en el libro de Fabián Magnotta, pero se sigue recolectando información, y por eso, los funcionarios judiciales y del Municipio de Gualeguaychú habilitaron un número de teléfono y una dirección de mail para que puedan acercarse nuevos datos.

Quienes consideren que tengan algo que aportar pueden escribir a derechoshumanos@gualeguaychu.gov.ar o comunicarse al 3446-629285. (Télam)