Ana Weinstein, una de las sobrevivientes de atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), recordó hoy el día en que su vida "cambió para siempre", al cumplirse 28 años del ataque terrorista, y volvió a exigir justicia "en nombre de todas las víctimas" durante el acto central frente al edificio de la calle Pasteur 633, en el barrio de Once.

"El 18 de julio de 1994 fue un lunes como hoy. Un día que creí que sería muy similar a cualquier otro lunes, en el que iba a retomar los preparativos para la celebración del 100 aniversario de AMIA, pero ese lunes no fue un día más. Fue el día que mi vida cambió para siempre y me convertí en blanco del terrorismo de odio", expresó 'Anita' frente a los familiares de las víctimas y muchos otros presentes que se congregaron presencialmente a conmemorar esta fecha.

La mujer dijo sentir "una terrible emoción" en el aniversario y recordó que ese día había ingresado a su oficina ubicada en el segundo piso a trabajar con junto a su colaboradora Mirta Strier, cuando se dirigió a la parte trasera del edificio para hacerle una consulta a un colega y eso "hizo la gran diferencia".

"Apenas unos instantes después se escuchó una fuerte explosión, empezaron a caerse materiales del techo, una intensa oscuridad cubrió de polvo y dificultaba respirar. De las ventanas se escucharon caer cristales quebrados, pánico y gritos. Mi pensamiento fue ir hacia Mirta. Quise volver, pero alguien tomó mi mano y me dijo que no siga más porque no había más piso para pararse", rememoró,

Una vez que los sobrevivientes lograron salir de los escombros a la calle, Weinstein pidió un teléfono para llamar a su marido y "decirle que estaba viva".

"Conmocionado, me dijo que lo espere en la puerta de AMIA. Mi respuesta fue 'No hay puerta, no hay AMIA, no hay nada'. Como si todo mi mundo se hubiese derrumbado", expresó.

Fue en ese momento, viendo la devastación del edificio y los otros linderos, que Anita recuerda que tomaron consciencia del "enorme impacto de este atentado devastador y criminal, planificado y perpetrado por gente dispuesta a matarnos" y la "agonía terrible" que sintió al pensar en todas las víctimas.

"Al día siguiente y los posteriores seguí yendo a la sede provisoria donde la AMIA reanudó su trabajo. Tenía que recibir a familiares de las víctimas, organizar numerosos voluntarios que empezaron a llegar. Necesitábamos enfrentar el dolor por la injusta ausencia de las victimas", afirmó.

Tras recordar que emprendió esas tareas porque "no quería" que los responsables del atentado "se salieran con la suya", finalizó: "Señores terroristas, conmigo sepan que no pudieron. Sigo viniendo a la AMIA ahora como voluntaria y, en nombre mío y de todas las victimas, vuelvo a exigir justicia". (Télam)