Una psicóloga visitadora social que trabajó en la justicia durante la última dictadura y una perito psicóloga relataron hoy en el juicio al multicondenado Miguel Etchecolatz las secuelas de estrés postraumático de tres hermanos, cuya madre fue asesinada por la dictadura en 1977 y tras lo cual fueron alojados en un hogar donde sufrieron golpizas y abusos sexuales.

"Era difícil establecer diálogo con el niño, que tendría entre 5 a 7 años y decía 'sangre', 'tiros', 'mamá', 'policía', 'ambulancia'. Otra cosa no podía verbalizar", contó Alida Blanchett, psicóloga que se desempeñó como visitadora social en el juzgado de familia de Lomas de Zamora y recordó que así encontró a Carlos Ramírez cuando en 1977 concurrió al Hogar Belén de Banfield a evaluar al niño y sus hermanos María Esther y Alejandro.

Los tres son hijos de Vicenta Orrego Meza, asesinada el 15 de marzo de 1977, durante la última dictadura cívico-militar, cuando fuerzas represivas rodearon su casa del barrio San José de Almirante Brown, donde vivía con los niños y alojaba temporalmente a dos militantes peronistas.

La vivienda fue atacada a balazos, ante lo cual Vicenta rogó a gritos que le dejaran sacar a sus tres hijos para que no resultaran heridos, lo que se le permitió. Pero cuando salía con su hijo Alejandro, de dos años, en brazos, fue asesinada a balazos.

El Tribunal Oral Federal 1 de La Plata comenzó en marzo pasado el juicio unificado que investiga el operativo represivo de marzo de 1977, donde fueron asesinadas Vicenta y otras víctimas y, además, juzga lo ocurrido con los tres hijos de la mujer, a quienes se retuvo, se ocultó su identidad y se abusó sexualmente en el Hogar Belén de Banfield.

Por los crímenes de Vicenta y de otras cuatro personas están imputados Miguel Osvaldo Etchecolatz (con varias condenas a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad), Juan Miguel Wolk, Roberto Guillermo Catinari, Héctor Raúl Francescangeli, Armando Antonio Calabró, José Augusto López y Rubén Carlos Chávez y el exministro civil de Gobierno de la dictadura Jaime Lamont Smart.

Por los hechos acaecidos en el Hogar de Belén entre el 21 de marzo de 1977 y el 26 de diciembre de 1983, vinculado a las violaciones sexuales, golpizas, abusos y retención y ocultamiento de la identidad de los hermanos Carlos Alberto Ramírez, María Ester Ramírez, Alejandro Mariano Ramírez, hijos de Vicenta, comenzó a ser juzgada la exfuncionaria judicial Nora Pellicer.

Durante la jornada declararon Alida Blanchett, quien estaba de guardia en el juzgado cuando se le requirió que concurriera al hogar mencionado a evaluar a los niños, y Norma Miotto, quien evaluó a los tres hermanos en el 2013.

Blanchett relató que en 1977 se le pidió que fuera al Hogar Belén "porque había problemas con tres hermanos, que hablaban de sangre de la madre".

Contó que al llegar se encontró con un niño de entre 5 y 7 años, una nena de 3 y un niño de 2 años, por lo que intentó dialogar con el mayor, que era Carlos Ramírez.

"No era un niño con un brote psicótico, se lo veía bajo efectos traumáticos", explicó y remarcó que el nene sólo decía "'sangre', 'tiros', 'mamá', 'policía', 'ambulancia'".

Blanchett recordó que en una oportunidad se acercaron al juzgado de Lomas de Zamora "las Madres de Plaza de Mayo y el comentario era que habían sido sacadas del juzgado, que no se las atendió".

Por su parte, Norma Miotto, perito psicóloga judicial evaluó a los tres hermanos en 2013, cuando tras su exilio en Suecia con su padre regresaron al país a denunciar lo vivido.

La especialista afirmó que los hermanos tenían "matices traumáticos asociados con experiencias sexuales desviadas padecidas en su infancia".

Se determinó además que "no tenían un pensamiento confabulado y que su relato era verosímil", precisó, y agregó que los hermanos Ramírez presentaban "fallos amnésicos por lo vivido".

Cuando Vicenta Orrego fue asesinada con ráfagas de ametralladora, los niños, a los que había logrado sacar de la casa, fueron retirados por Raúl Vitasse, un vecino que los tuvo unos días en su casa y luego los llevó a la comisaría, para que la policía localice a sus familiares, lo que no ocurrió. Comenzó para los hermanos Ramírez una pesadilla al ser derivados por orden de la justicia de menores al Hogar Belén, sin ocuparse tampoco de localizar a ningún familiar de los niños.

En ese hogar, según la denuncia, los niños Ramírez fueron objeto de malos tratos y abusos sexuales ultrajantes por parte de varios hombres que los golpeaban y amenazaban de muerte si se resistían a los sometimientos, que en general ocurrían en el baño. (Télam)