(Por Gonzalo Torres, especial para Télam). Los testimonios de familiares y víctimas de la Masacre de Napalpí de 1924 detallaron el horror vivido por los sobrevivientes y sus descendientes, que perdieron su identidad y su idioma por miedo a represalias, en la segunda jornada del juicio oral por estos crímenes de lesa humanidad cometidos en el ex Estado Nacional de Chaco.

“Luego de los hechos hubo una persecución, muchos callaron para no ser asesinados o discriminados. Costó mucho recuperar el idioma, no se trasmitía de madre a hijos la lengua materna, los abuelos y padres callaron el idioma por miedo a que sus hijos fueran arrebatados”, relató David García, docente bilingüe que participó de la reconstrucción y difusión de la masacre junto al historiador qom Juan Chico (uno de los más tenaces impulsores de la investigación, fallecido por Covid19 el año pasado).

Durante la jornada de hoy, además de los testimonios grabados de las sobrevivientes Melitona Enrique y Rosa Chara, se escuchó a familiares, referentes de las comunidades e investigadoras del nordeste que explicaron el funcionamiento de la reducción Napalpí y el contexto histórico del fusilamiento masivo por parte de fuerzas estatales.

Ramona Pinay, nieta de una sobreviviente, también se refirió a esa obligación al silencio luego de los asesinatos: "Mi abuela no tuvo documento porque lo perdió al salir corriendo (de la masacre). Tardó muchos años para hacer su DNI, en el año 1980, porque tenía mucho miedo, le daba miedo ir a la Policía".

"Queríamos que tuviera una pensión o jubilación, pero no pudo, nunca tuvo nada”, expresó.

La doctora en historia Mariana Giordano brindó detalles de su investigación sobre el tratamiento de los medios periodísticos de la época y los registros fotográficos.

"Se advertía un discurso periodístico vinculado a los intereses estatales y de grandes terratenientes, con la figura del malón y del indio levantisco", comentó.

Mencionó que, por el contrario, el periódico El Heraldo del Norte publicó un número especial sobre la masacre un año después del hecho y allí, por primera vez, se habló de una matanza, en la que "ubica al gobernador (Fernando) Centeno como el actor ideológico y nombra a los policías (Roberto) Sáenz Loza y (José) Machado, entre otros”.

Giordano también aportó catorce fotografías tomadas en la reducción de Napalpí por un antropólogo alemán llamado Lehmann Nitsche, en las que se observó el avión que participó de la masacre.

Dijo que hubo "distintos actores que cumplieron distintos roles: personas uniformadas con armas, gente de civil, e incluso indígenas, probablemente los identificados como indios mansos".

Por su parte, la magister en Antropología Social Elizabeth Bergallo remarcó: "Toda la estructura de explotación agrícola de la época suponía prácticamente la esclavitud del campesino y ante los movimientos de resistencia, la Policía reprimía”.

Sobre el relato histórico de la masacre, Begalló advirtió: "Las investigaciones basadas en documentación oficial se hicieron sin tener en cuenta las voces de las comunidades. Este modo de actuar implicó la negación de la voz local en la construcción de conocimiento".

Luego de la audiencia y en diálogo con Télam, la secretaria de DDHH y Género de Chaco, Silvana Pérez, consideró que fue una jornada "muy rica en cuanto a testimonios" porque, así, "se va articulando una construcción de una verdad histórica cercana y de suma relevancia para nuestra identidad, originaria, chaqueña y también argentina”.

"Estamos en un juicio que recorta en lo jurídico a crímenes de lesa humanidad, en un genocidio. Se intentó robar la identidad, la lengua a una comunidad y el recorrido histórico de recuperar la memoria en el marco de este juicio es muy importante”, reflexionó. (Télam)