(Por Javier Peverelli y Marina Giménez Conde) Los pilotos Vicente Autiero y Jorge Barrionuevo eran hace 40 años dos jóvenes oficiales de la Fuerza Aérea que tuvieron el 1° de mayo de 1982 su bautismo de fuego cuando a bordo de dos aviones cazas A-4 Skyhawk debieron cumplir misiones contra la flota británica, que en esa jornada atacó duramente las posiciones argentinas en las islas Malvinas.

El 1° de mayo se conmemora desde entonces el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea, por la primera acción en combate de esa institución en una confrontación armada con otro Estado, que tuvo lugar en el marco del conflicto bélico con Gran Bretaña en el Atlántico Sur.

Ese día marcó el comienzo de la guerra: los ingleses bombardearon las bases aéreas de Puerto Argentino y Ganso Verde mientras que la Fuerza Aérea lanzó un contraataque que incluyó 57 misiones contra la flota británica.

En una entrevista con Télam en el Edificio Cóndor, a cuatro décadas de aquella jornada que protagonizaron junto a otros oficiales aeronáuticos, los veteranos de guerra afirmaron que una confrontación armada con el Reino Unido era algo que "no estaba previsto" en las hipótesis de conflicto que manejaba el arma a principios de los '80.

Ambos conjeturaron, además, que el resultado de la contienda podría haber sido "distinto" si Argentina hubiera contado con armamento más sofisticado.

A las 16 de aquel 1° de mayo de 1982, una escuadrilla de aviones Dagger pertenecientes al Grupo 6 de Caza compuesta por el capitán Norberto Dimeglio, el teniente Gustavo Aguirre Faget y el primer teniente César Román partió de la base aérea militar de San Julián, Santa Cruz, y logró dañar a un destructor y dos fragatas de la Royal Navy.

Mientras tanto, Autiero y Barrionuevo -quienes en la actualidad ostentan los grados de brigadier y comodoro-, por entonces integrantes del Grupo 5 de Caza, aguardaban en la base aérea militar de Río Gallegos, ya que la mitad de los pilotos había salido y la otra esperaba en el continente.

"Esa guerra no estaba prevista. Nosotros éramos un grupo de combate que teníamos la responsabilidad de defender a Argentina ante una hipótesis de conflicto con Chile, pero debimos enfrentarnos a la fuerza aeronaval de la flota británica", analizó Barrionuevo en diálogo con Télam desde la recientemente inaugurada sala Gesta de Malvinas que la Fuerza Aérea montó en el Edificio Cóndor, en el barrio porteño de Retiro.

"Si ese escenario hubiera estado previsto, nos hubiésemos enterado dos meses antes para entrenarnos para esa situación", remarcó el comodoro, quien contó que el mismo 2 de abril los integrantes de la Fuerza Aérea supieron que Argentina emprendería una acción militar de gran escala para recuperar las Malvinas.

Autiero agregó que recién el 13 de abril desplegó "el primer escuadrón a (la base de) Río Gallegos", y se empezó a evaluar "qué tipo de objetivos" deberían tener como blanco de ataque.

"Utilizamos un buque que estaba encallado desde principios del siglo XX y empezamos a hacer las prácticas", contó.

De los testimonios de Autiero y Barionuevo se desprende que en solo 17 días la Fuerza Aérea se preparó para su bautismo de fuego con un Estado de gran capacidad aeronaval -el Reino Unido-, para lo cual trasladó los entrenamientos que se hacían en tierra hacia el mar: la prioridad, en ese momento, era cómo contrarrestar el poderío británico.

Los mandos de la Aeronáutica estimaban que si se emprendía una acción con 16 aviones tan solo dos llegarían a los blancos predeterminados, debido a la gran cantidad de misiles de corto y largo alcance que poseían las defensas antiaéreas de Gran Bretaña.

"Por eso el Grupo 5 de Caza determinó volar rasante, nosotros lo habíamos practicado en tierra, casi siempre. Pero en el mar nunca habíamos volado. Debimos acostumbrarnos en esos días", confió Barrionuevo.

"Marcábamos el chorro del avión sobre el agua", indicó Autiero sobre esa maniobra que implicaba volar a una distancia de 10 a 15 metros del nivel del mar a una velocidad de 900 km.

Se trataba de una táctica que le permitía a los pilotos ingresar a la zona del blanco sin ser detectados por los radares y sorprender a las formaciones navales del enemigo.

"Esas tácticas nos dieron mucho resultado. Tanto es así que realmente veíamos en los bordes de las fragatas a los tripulantes ingleses que nos tiraban con todo, no solo con el armamento de la fragata sino con armas cortas y largas", añadió Autiero.

Gran parte de los aviones A-4 Skyhawk habían sido comprados en 1966 por el Estado argentino a Estados Unidos; poseían muchas horas de vuelo y presentaban averías. La idea de la Fuerza Aérea era pasarlos a retiro para 1982.

Barrionuevo destacó que por eso la Fuerza Aérea Argentina es "admirada en el mundo" debido a que no se explica cómo con "aviones obsoletos, que estaban hace más de 16 años en el país, usados y rudimentarios, hayan hundido a destructores británicos de primera línea".

Por otro lado, consideró que "lo que más costó" fue dotar a los aviones con armamento adecuado, algo que recién se logró sobre el final del conflicto.

"De haberlo tenido el 1 de mayo, los pilotos estamos convencidos de que les hubiéramos hundido muchísimos más barcos a los ingleses y no sabemos cuál habría sido el resultado de la guerra", enfatizó Barrionuevo.

Ambos veteranos coincidieron en que el 12 de mayo significó "un día durísimo" para ellos, ya que en esa fecha su escuadrón sufrió varios derribos.

Aquel día, dos escuadrillas de las cuatro que integraban el Grupo 5 salieron con una diferencia de dos minutos tras recibir la orden de combatir a la fragata HMS Brilliant y al destructor HMS Glasgow pero cuando llegaron a la zona del blanco decidieron levantar el vuelo rasante que venían haciendo, siendo interceptados por los radares.

"Error nuestro" por "inexperiencia", reconoció Barrionuevo sobre la estrategia que los dejó en evidencia ante el fuego naval británico, e indicó las cosas se complicaron porque hubo "un piloto no quería volver al continente sin atacar el blanco".

El jefe de Escuadrilla Oscar Manuel Bustos, el teniente Jorge Rubén Iberlucea, el primer teniente Mario Víctor Nivoli y el primer teniente Fausto Gavazzi fueron derribados aquel día.

"Constituyó un hecho que me marcó mucho. Despedí a un amigo en una misión. El teniente Nivoli. Nadie se prepara para una guerra y las pérdidas que se sufren", evocó el comodoro.

El brigadier señaló que, pese a la "pérdida" de sus compañeros, "eso no amedrentó a ninguno" y que, al contrario, "afianzó aún más" al grupo de escuadrones.

Por su parte, Barrionuevo prefirió remontarse al 25 de mayo de aquel año, cuando participó de los ataques que hundieron a la fragata Broadsword y al destructor Coventry. Una jornada de victoria empañada por la pérdida de un camarada en combate.

"Ese día me quedó un sabor agridulce. Había sido derribado a la mañana el capitán Hugo Palaver, nuestro jefe de operaciones", testimonió Barrionuevo.

Por último, Autiero señaló que la guerra "deja marcas", y destacó la entrega y el sacrificio desplegados por los oficiales que integraban los escuadrones de la Fuerza Aérea, que "lo entregaron todo" -resaltó- en los combates del Atlántico Sur.

Durante el conflicto bélico con Gran Bretaña por las islas Malvinas, 55 integrantes de la Fuerza Aérea murieron en combate: 9 de ellos pertenecían al Grupo 5 de Caza.

"Eran todos, o la mayoría, más antiguos que yo, o sea mucho más experimentados y mejor preparados. Ellos son nuestros verdaderos héroes. Nosotros solo cumplimos con lo que la patria nos pedía", concluyó el brigadier. (Télam)