(Por Héctor Sánchez) Afuera, la represión arreciaba y los manifestantes se defendían. Caían las granadas con gases lacrimógenos y muchas de ellas eran devueltas hacia las filas policiales, que cada vez estaban más apretadas contra las vallas y las paredes del centro de Lanús aquel 24 de noviembre de 1982.

Entonces, en una oficina de la Municipalidad, en una reunión entre funcionarios de la intendencia y los vecinos, que parecía una charla en idiomas diferentes, se escuchó la voz de un comisario de la policía bonaerense que expuso la cruda realidad: "Yo puedo parar la represión, pero ustedes hagan que me devuelvan a los cinco policías que tienen los manifestantes".

El caprichoso dibujo de la protesta en la calle había derivado en algo impensado por todos: las dos principales columnas de manifestantes (las de Lanús Oeste y Lanús Este, aunque también llagaban vecinos desde la zona de Gerli, por el norte de la avenida Pavón) presionaron sobre los uniformados para obligarlos a retroceder, y, en ese movimiento, cinco policías habían quedado aislados de sus formaciones. Y en manos de los enardecidos vecinos.

Carlos Gregotti era el intendente que nunca en los días previos había querido atender a los vecinos que gestaban la marcha, y que pocas horas después de la protesta pidió licencia, para renunciar definitivamente dos meses después, con otra acusación encima que lo vinculaba a un episodio en un hogar de menores donde había cumplido funciones.

El regreso a los distintos barrios de Lanús tras la protesta que había explotado en las pantallas de los noticieros nocturnos y en las radios supo a triunfo, a comienzo de otra etapa, a haber podido gritar bien fuerte para que otros vecinos y otras barriadas se sumaran a una pelea que unificaba intereses populares contra una dictadura que arrastraba todos los males juntos: desde las violaciones a los derechos humanos, que ya sabían eran delitos de lesa humanidad, hasta el desastre económico que hacía estallar la bronca en los barrios.

En Villa Diamante volvieron a juntarse esa noche, en un regreso que llevaba una brisa de justicia a esas calles de tierra, los pioneros de algo que ya sonaba a eslabón histórico: Ofelia País, Lidia Rodríguez, José Liñeiro, Julio Veczan, Eduardo Vacotti, Carmelo Di Meola, Luis Verdura y José Panella aún no sabían que, desde la mañana siguiente, todos hablarían del "Lanusazo" que le había plantado cara a la dictadura. (Télam)